Uniting Europe

El 21 de junio de 2015, Richard Barret –antiguo jefe contra el terrorismo del MI6 y ex coordinador del equipo para la supervisión de Al-Qaeda y los talibanes en la ONU– publicó un esclarecedor artículo en The Independent: “No podemos destruir al Estado Islámico, así que tendremos que aprender a vivir con ello”. Barrett, en vez de centrarse en lo que considera –y yo coincido con él– infructuosos intentos de destruirlo, analiza cuáles son los males de nuestra sociedad para que el Estado Islámico resulte tan atractivo.
Barrett está de acuerdo con el primer ministro británico, David Cameron, sobre “la responsabilidad que familias y comunidades [tienen] a la hora de detectar y contrarrestar la radicalización de los jóvenes por parte del autodenominado Estado Islámico”. Sin embargo, Barrett señala que el Estado Islámico no es el problema. Dice que esta responsabilidad no difiere de la “responsabilidad de disuadir a los jóvenes de que se unan a pandillas antisociales o impedir que caigan en las redes de cultos que también resultan atractivos en términos de identidad y pertenencia”.
Por otro lado, Barrett expresa que el Estado Islámico proyecta un fuerte sentido de identidad así como la identificación con una meta. Y por eso resulta tan atractivo, sobre todo a aquellos que carecen de ambas cosas: les ofrece la oportunidad de ser parte de algo nuevo, sin importar su género o sus habilidades. “Es triste observar en nuestra propia sociedad”, prosigue Barrett, “que un número limitado aunque significativo de jóvenes … no pueda encontrar aquí algo mejor en lo que volcar sus energías y aspiraciones”.
En efecto, el quid de la cuestión es que los jóvenes de hoy no tienen ni identidad ni sentimiento de pertenencia. Y esto es algo que debería preocuparnos a todos en el mundo occidental, ya que no es un problema endémico en el Reino Unido, sino que se manifiesta a nivel global.
No tengo nada en contra de la tecnología o el progreso. Pero si se utilizan para sustituir a la conexión humana, estamos ante un grave problema. Los seres humanos somos seres sociales, y como tales no es posible satisfacer nuestras necesidades sociales únicamente a través de las redes. Para poder sentirnos seguros y plenos, todos necesitamos contacto físico, apego emocional, un compromiso mutuo. Resulta irónico, pero precisamente lo que esta organización fundamentalista proporciona a nuestros jóvenes es seguridad. El Estado Islámico aporta esa sensación pertenencia e identificación con una meta, y por eso se convierte algo irresistible para tantos jóvenes occidentales, muchos de los cuales no cuentan ni con seguridad ni con metas y menos aún con un sentimiento de pertenencia.
El narcisismo y la feroz competitividad que predominan en nuestro mundo postmoderno deberían ser reemplazados por un paradigma social de solidaridad mutua: deberíamos comenzar a preocuparnos unos por otros. Y ningún gobierno puede construir esto por nosotros; como ciudadanos, es nuestra tarea determinar cuáles son nuestras prioridades y comenzar a ponerlas en práctica, haciendo que nuestro día a día se convierta en algo diferente. Si queremos convertir nuestro mundo en un lugar seguro, todos debemos poner de nuestra parte.
Yo trato de impulsar esta idea en las conferencias que imparto por todo el mundo. He fundado organizaciones que promueven la solidaridad mutua tanto de manera independiente como en colaboración con otras organizaciones no gubernamentales. El Instituto ARI, establecido por mí, ha colaborado a ese respecto con las Naciones Unidas, la UNESCO, la Fundación Goi para la Paz, el Club de Budapest, y con muchas otras organizaciones e individuos con conciencia social. Actualmente, un equipo de miembros del Instituto ARI está trabajando con gran dedicación en un sitio web que permitirá a personas de todo el mundo conectarse de una nueva manera, por encima de nuestras diferencias y nuestros egos.
Gracias a mi experiencia personal, puedo ratificar que la gente está de acuerdo en que la alienación social es la raíz del problema en nuestro mundo occidental. Pero también puedo dar testimonio de la indecisión que sentimos la mayoría de nosotros a la hora de actuar. Creo que hemos esperado mucho tiempo. Solo espero que no haya sido demasiado.
Debemos tomar medidas contra aquellos que desean aniquilarnos, contra aquellos que desean destruir la humanidad. Pero aún con más urgencia tenemos que tomar medidas a favor de los seres humanos que, por todo el planeta, buscan la amistad verdadera, la solidaridad mutua y el sentimiento de pertenencia. Solo cuando hagamos realidad esa unidad en la que todos estemos incluidos, solo entonces, llegarán los días de plenitud y felicidad para la humanidad.

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Comments

  1. A veces, la mejor ofensiva es en realidad una buena defensa. Como el artículo indica, este es uno de esos casos. Que mejor defensa aquí es volver a dirigir a nosotros mismos en lo que debemos ser. De hecho, no es que los ideales oscuros de ISIS y similares son superiores a la alternativa que ahora ofrecemos – el que no ofrecemos nada más que palabras huecas. El consumismo y el byte de los medios de comunicación está muy bien para el alma que prefieren el flujo sin sentido de la vida (hasta que la muerte los separe). Pero los números que caen del que sin sabor ahorrar lo ISIS y col oferta (ayudando a traer que la muerte más rápida y más cruel), crecerá.

    Todo depende de las relaciones y la socialización. La única diferencia entre una comunidad de virus, y la sociedad de celular que llamamos a los seres humanos, es relación y socialización. Nuestro mundo de hecho tiene más atractivo que el de los virus, y se que para despertar, somos lo que ellos querrían ser.

    ¿Y qué forma superior ¿Realmente queremos ser como nos acercamos a este siglo de la globalización?

    Mi agradecimiento al Instituto ARI en la investigación que el aumento de la unidad que los seres humanos deben cumplir, tanto en Europa como en todo el mundo.

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