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Del mismo modo que la separación entre nosotros provoca la separación de toda la humanidad, la unidad entre nosotros llevará al mundo a la unidad.

 

Hace dos años, por estas fechas publiqué un artículo en The New York Times (edición impresa) titulado “Lo que los judíos le debemos al mundo”. Este año, tras Yom Kipur (día del perdón) y en el marco de las Fiestas Mayores, me gustaría compartirlo con los lectores de The Jerusalem Post, ya que creo que el mensaje que contiene puede tener un gran impacto sobre el futuro de nuestra nación.

 

Compremos el camino hacia el cielo

El día más sagrado del año para los judíos es Yom Kipur, momento en que oramos y ayunamos. Una parte clave de la oración es la lectura del libro de Jonás el profeta. Curiosamente, muchos judíos observantes creen que comprar el privilegio de leer el libro les traerá éxito durante el resto del año.

Como es natural, solo los más ricos de la comunidad pueden permitirse el lujo de competir por ello. Las cantidades varían según la afluencia en la comunidad pero, en algunos casos, el privilegio se vende por más de medio millón de dólares.

 

Descifrar el código

La gente, sin embargo, no es consciente de la verdadera razón por la cual el libro de Jonás es tan importante. Los cabalistas determinaron que esta lectura es la más importante del año ya que contiene el código para salvar a la humanidad.

La historia de Jonás es especial porque habla de un profeta que primero trató de evadir su misión pero finalmente se arrepintió. Otro aspecto singular de la historia de Jonás es que su misión no era advertir al pueblo de Israel, sino salvar la ciudad de Nínive, cuyos habitantes no eran judíos. En vista del precario estado del mundo de hoy, deberíamos prestar más atención a esta historia y al significado que tiene para cada uno de nosotros.

 

Espabila o quítate de en medio

En la historia, Dios ordenó a Jonás decir a los habitantes de Nínive, que se habían vuelto crueles unos con otros, que debían corregir sus relaciones con los demás si deseaban seguir con vida. Sin embargo, Jonás esquivó su misión y partió al mar en un intento de escapar del mandato de Dios.

Como Jonás, los judíos hemos estado esquivando sin saberlo nuestra misión durante los últimos 2.000 años. Y sin embargo, no podemos permitirnos seguir haciéndolo. Tenemos una tarea que nos fue encomendada cuando Moisés nos unificó en una nación basada en la máxima de “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, y nuestro deber es dar un ejemplo de unidad al resto del mundo. Nuestros antepasados Abraham y Moisés quisieron unir a toda la humanidad, pero en aquel entonces el mundo no estaba listo (para más información, véase mi artículo “¿Por qué la gente odia a los judíos?”).

Ese grupo, en otras palabras, el pueblo de Israel, todavía debe convertirse un modelo que el mundo pueda seguir. Rav Kuk, el primer Gran Rabino de Israel, lo expresó poéticamente en su libro Orot Kodesh (Luces sagradas), “Dado que fuimos destruidos por culpa del odio gratuito, y el mundo también fue destruido con nosotros, seremos reconstruidos gracias al amor gratuito, y el mundo será reconstruido con nosotros”.

 

Dormir durante la tormenta

En la historia, Jonás huyó de su misión en un barco y esto provocó que el mar se agitara de tal modo que la nave casi se hunde. En el peor momento de la tormenta Jonás se fue a dormir desentendiéndose de la agitación y dejando a los marineros que se valieran por sí mismos. Poco a poco, comenzaron a sospechar que alguien entre ellos había sido el causante de la tormenta. Echaron las suertes y cayó sobre Jonás, el único judío a bordo.

En muchos sentidos, el mundo de hoy se parece a la nave de Jonás. Como expresó la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde: “Vamos todos en un mismo barco, una misma economía global. Nuestras ganancias suben juntas y caen juntas. (…) Tenemos una responsabilidad colectiva: lograr un mundo más estable y más próspero, un mundo en el que todas las personas en todos los países pueden desarrollar todo su potencial”. Pero nos rodea un mar agitado y los marineros, que son toda la humanidad, culpan al judío a bordo de todos sus problemas.

Como Jonás, estamos profundamente dormidos. Estamos empezando a abrir los ojos a la presencia de odio hacia nosotros, pero todavía tenemos que darnos cuenta de que no llevar a cabo nuestra misión es lo que genera ese odio. Si no despertamos pronto, los marineros nos tirarán por la borda como hicieron con Jonás. Yehuda Ashlag, autor del comentario Sulam (escalera) sobre El Zóhar, en su ensayo “Arvut” (La garantía mutua) escribió: “Le corresponde a la nación de Israel capacitarse a sí misma y al resto del mundo para avanzar y aceptar este sublime trabajo del amor al prójimo”.

 

La señal de alarma

Jonás les dice a los marineros que lo tiren por la borda, ya que solo así se calmaría el mar. Los marineros obedecen a regañadientes y la tormenta amaina. Una ballena se traga a Jonás, y durante tres días y tres noches permanece en su abdomen haciendo introspección sobre sus acciones y decisiones. Implora por su vida y se compromete a llevar a cabo su misión.

Como Jonás, cada uno de nosotros lleva dentro algo que está agitando el mundo. Nosotros, el pueblo de Israel, somos portadores de un método para alcanzar la paz a través de la conexión. La unidad es la mismísima raíz de nuestra existencia. Este ADN es lo que nos convierte en pueblo porque solo después de comprometernos a ser “como un solo hombre con un solo corazón” y aspirar a “ama al prójimo como a ti mismo”, pudimos constituirnos en nación. Hoy, debemos reavivar este vínculo porque, donde quiera que vayamos, esta fuerza sin explotar está desestabilizando el mundo a nuestro alrededor para obligarnos a estar unidos y vivificarla de nuevo.

Del mismo modo que la actual separación entre nosotros entraña la separación de toda la humanidad, la unidad entre inspirará al resto de las naciones a unirse. Cuando nos unamos, proporcionaremos a la humanidad la energía necesaria para lograr la unidad en todo el mundo y las personas vivirán “como un solo hombre con un solo corazón”. Por lo tanto, la pregunta es si vamos a asumir nuestra responsabilidad o si preferimos ser arrojados por la borda para, acto seguido, aceptar cumplir nuestra misión.

Si queremos poner fin a nuestros problemas, librarnos del antisemitismo y disfrutar de una vida segura y feliz, debemos unirnos y con ello dar un ejemplo de unidad a todas las naciones. Así es como traeremos paz y tranquilidad al mundo. De lo contrario, el odio de las naciones hacia nosotros solo irá en aumento.

Ahora vemos que, cuando la gente paga tanto por el privilegio de leer el libro de Jonás en Yom Kipur, sin darse cuenta, están manifestando su apoyo a la misión del pueblo judío para con el mundo: ser una luz para las naciones mostrando un ejemplo de unidad y conexión. Para concluir, permítanme citar una vez más al gran Rav Kuk: “Cualquier convulsión en el mundo viene solo por Israel. Ahora estamos llamados a llevar a cabo una gran tarea, de buen grado y voluntariamente: construirnos a nosotros mismos y, junto con nosotros, a toda la devastada humanidad” (Igrot [cartas]).

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