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El actual sistema financiero es invención artificial diseñada para proporcionar enormes beneficios a la élite gobernante. El nuevo sistema beneficiará a todos los estadounidenses independientemente de su afiliación política.

El estallido en 2008 de la burbuja financiera fue doloroso para mucha gente. Y todavía sigue siéndolo para muchos. Cuanto más tiempo se hincha una burbuja, más duele cuando explota. La inesperada victoria de Donald Trump ha hecho estallar una burbuja que se ha estado inflando durante décadas. Y, por lo tanto, el despertar al que se enfrentan muchos estadounidenses liberales es muy doloroso. Si Trump es inteligente, los ayudará en este proceso. Si, por el contrario, estalla un conflicto entre clases en América, puede ser muy peligroso.

De la producción a la manipulación

Después de la Segunda Guerra Mundial, América se convirtió en una superpotencia. Su sólida economía estaba basada en la producción de bienes que ayudaron a reconstruir y alimentar a los ciudadanos estadounidenses, y también a la recuperación de Europa. Pero desde aproximadamente la década de 1970, la industria comenzó a trasladarse a países donde la mano de obra era más barata –China, India, México– arruinando a la clase trabajadora de Estados Unidos a medida que la producción se reubicaba. Entonces, en lugar de producir bienes, América comenzó a imprimir dinero. Así que las operaciones financieras tomaron el control y Wall Street se convirtió en sinónimo de riqueza y poder.

Hoy en día, solo aquellos que saben cómo operar con las burbujas financieras pueden sacar beneficio con esos pases de magia. Al resto de América, a la gente que creció creyendo que el trabajo con esfuerzo y honestidad podía proporcionarles una vida decente, solo le queda su esperanza. Para ellos, el capitalismo dejó de tener sentido cuando el trabajo empezó a escasear y se redujeron las remuneraciones.

Dos días después de las elecciones, Joan Williams escribía en la Harvard Business Review que “si quieres conectar con los votantes blancos de la clase trabajadora”, es preciso “dar prioridad a la economía”. Donald Trump ha reavivado las esperanzas de los trabajadores estadounidenses con la promesa de volver a traer la producción y el empleo a los Estados Unidos. Esta es la razón por la que ganó en los “estados pendulares” de Ohio, Michigan y Pennsylvania. Incluso si no lo cumple, ha demostrado que entiende cuál es el problema, y eso ha sido suficiente para otorgarle la mayoría.

Hable sin tapujos y priorice correctamente

Otra importante deformación que Trump ha corregido es la corrección política. Cuando los medios determinan lo que se puede decir y lo que no, es más fácil distraer a la opinión pública de los asuntos realmente importantes. Cuando los medios de comunicación ridiculizan a los partidarios de Trump tildándolos de racistas porque no les gusta que suban sus primas de atención médica para poder costear la atención médica gratuita a los inmigrantes, solo cabe esperar una reacción violenta. Trump habla sin tapujos y la gente lo valora. Él sabe bien que la cuestión de los cuartos de baño transgénero no es más importante que, por ejemplo, el hecho de que la clase media americana es cada vez más pobre; y no tiene miedo de decirlo. Trump ve que Estados Unidos se está convirtiendo en un país tercermundista y tiene las agallas para poner el asunto sobre la mesa.

Recuperar América

Señalar los problemas es una cosa, pero resolverlos es otra historia. Wall Street no es solo unos cuantos grandes financieros. Además de los bancos, los fondos y las compañías de inversión, también está la prensa, la mayoría de los políticos, los gigantes de Silicon Valley y numerosas organizaciones que se benefician del mecanismo para hacer ganancias de Wall Street. Estas instituciones controlan el gobierno y los medios, y creían que siempre sería así. Si Trump desea que la economía estadounidense pase de un dudoso ingenio financiero a una producción real, tendrá que conseguir el apoyo de los actuales amos de la riqueza y el poder.

Los magnates de los medios de comunicación (de los cuales hablaré en mi próxima columna) hoy por hoy apoyan a Clinton: ella habría reforzado su influencia en la opinión pública. Por el contrario, implementar la ideología de Trump conlleva hacer estallar –también– la burbuja de los medios, y volver a la realidad, tanto en los medios de comunicación como en la sociedad y la economía.

La educación: la clave para que Trump triunfe

En mi opinión, la educación es la clave para que Trump logre una transición exitosa. En la actualidad, los medios de comunicación son el principal educador de América, y abogan por el odio y la división. Esto debe cambiar. La sociedad estadounidense ha alcanzado peligrosos niveles de desconfianza entre los distintos grupos étnicos así como entre algunos grupos étnicos y las autoridades. Si el gobierno quiere ganarse de nuevo a la gente, debería hacerlo ofreciendo una educación asequible, si no gratuita para todos. E invertir en promocionar ampliamente la cohesión social.

Así como la naturaleza opera con dos fuerzas, una positiva y otra negativa –dar y recibir– para que la sociedad americana pueda restablecerse, debe introducir el aspecto positivo en la sociedad. Como especifiqué en mi libro Self Interest vs. Altruism in the Global Era (Interés personal frente al altruismo en la era global), cuando recibir es lo único que opera, tal como ahora sucede en los Estados Unidos, la sociedad agota sus recursos y acaba colapsando. Por esta razón, los programas que promueven la solidaridad social son fundamentales para lograr una sociedad estadounidense sana. Deberían empezar por las escuelas primarias, y continuar hasta llegar a la universidad, y llegar también a todos los lugares de trabajo. Incluso las prestaciones por desempleo y los cupones de alimentos deberían estar sujetos a haber realizado cursos de cohesión social.

Todos los medios de comunicación, que actualmente promueven la división, deberían estar obligados a transmitir un cierto porcentaje de información que promoviera la cohesión social. Lo que ha convertido a Trump en presidente electo es un espíritu de esperanza. Y ese mismo espíritu es el que hará posible que haya cambios positivos. Este cambio dependerá, en gran medida, de los medios de comunicación que apoyen el proceso.

Además, la educación pro-social debe incidir en que construir la solidaridad social y volver a una economía basada en la producción no es un capricho de tal o cual presidente. Estos son los fundamentos de cualquier sociedad sana, porque se basan en las leyes naturales de las relaciones humanas y no en ideas fantasiosas. La naturaleza dicta que si uno produce, puede vender y después comprar lo que necesita. Pero ganar grandes cantidades de dinero sin producir nada es antinatural e insostenible.

En otras palabras, el actual sistema financiero es monstruoso. Es una invención artificial para que unos pocos dirigentes se hagan inmensamente ricos. El nuevo sistema beneficiará a todos los estadounidenses, independientemente de su afiliación política. Ciertamente, esa economía sería mucho más democrática y liberal que la actual. Si no fuera por las tácticas de distracción que los medios de comunicación utilizan constantemente, Trump habría obtenido mucho más votos todavía, sobre todo entre los partidarios de Sanders. Y su victoria no habría sorprendido a nadie.

En conclusión: el mundo necesita una América fuerte del mismo modo que América necesita del mundo. Espero que Donald Trump consiga reinstaurar en América el capitalismo sano, por el bien de América y por el bien del mundo.

 

 

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