Uniting Europe

Podemos avanzar hacia la cohesión plácidamente o seguir tropezando por el camino rocoso que hemos estado recorriendo desde hace tanto tiempo.

Hace una semana recibí un correo electrónico de John Doe. El nombre no me sorprendió teniendo en cuenta la dirección de correo electrónico de la que provenía: someguy…@gmail.com. En el correo, el Sr. Doe se quejaba de que yo estaba demasiado preocupado con lo que está sucediendo en los EE.UU. y lo describió como “vergonzoso”.

Del mismo modo que hice cuando el Sr. Dan Mogulof, portavoz de la UC Berkeley, se quejó de que yo desaprobara un curso antisemita en Berkeley, pensé que también debía responder abiertamente al correo del señor Doe.

Querido John (sé que esto suena como una carta de despedida, pero no es así):

En primer lugar, quisiera decirle que tengo el más alto respeto por los ciudadanos estadounidenses. Como científico especializado en análisis de sistemas, cambié hace muchos años el estudio de los sistemas fisiológicos a través de la biocibernética médica por la exploración de sistemas humanos empleando la sabiduría de la Cabalá, y más tarde mi doctorado en Ontología. Desde mi punto de vista profesional, veo que los Estados Unidos tienen un papel clave en el esquema global de las cosas no solo en el presente, sino también en el futuro. Lo que sucede en los Estados Unidos afecta directamente a todos los países del mundo, y también a Israel, mi país de residencia. (Por cierto, los estadounidenses parecen no tener inhibiciones a la hora de expresar sus opiniones acerca de los asuntos israelíes, o incluso a la hora intentar influir sobre ellos, pero cuando giran las tornas, se muestran mucho menos “liberales” al respecto).

Hay otra razón para mi interés en los Estados Unidos. A lo largo de los años, he publicado decenas de libros en inglés (teclee Michael Laitman en amazon.com) y tengo decenas de miles de estudiantes en los Estados Unidos, o tal vez más. Muchos de estos estudiantes, a los cuales tengo mucha estima, asisten a nuestros congresos anuales en los Estados Unidos.

El indiscutible líder económico del mundo

Desde la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos ha desempeñado un papel cada vez más relevante en los acontecimientos sociales y políticos a nivel mundial. ¿Podemos imaginar los resultados de la Primera y la Segunda Guerra Mundial si los Estados Unidos no se hubieran unido a los aliados? Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha sido el indiscutible líder económico del mundo, especialmente tras provocar consecuencias a nivel mundial durante el colapso del mercado bursátil que dio inicio a la Gran Depresión y ayudando posteriormente a reconstruir el mundo occidental tras la Segunda Guerra Mundial.

Desde que fue establecido el estado de Israel, y especialmente después de la Guerra de los Seis Días en 1967, Estados Unidos ha sido el firme aliado de Israel. Pero el indiscutible apoyo frente a la constante amenaza existencial se ha deteriorado desde 2008, cuando Obama asumió el cargo y declaró que es preciso que haya más “luz del día” entre ambos países.

La incertidumbre sobre las intenciones de Estados Unidos con respecto a Israel, su participación en la desintegración de los regímenes en Egipto, Siria, Libia, Yemen y otros países de Oriente Medio, la firma de un acuerdo nuclear que ha allanado el camino hacia un Irán nuclear y el desembarco en Europa de millones de jóvenes musulmanes, sanos, en su mayoría varones, y ahora también hacia el otro lado del Atlántico, en los Estados Unidos, ha provocado que muchos israelíes, yo incluido, estén muy preocupados por lo que está sucediendo en Estados Unidos.

Por otro lado, Hillary Clinton claramente tenía la intención de continuar la política exterior de Barack Obama. Si hubiera ganado las elecciones, el ya deteriorado estatus internacional de Israel se habría desplomado exponencialmente.

Peor aún: Obama iba por un camino de confrontación con Putin. Si Clinton hubiera ganado, habríamos estado en peligro de una tercera guerra mundial nuclear. Con Trump como presidente, hay al menos una brizna de esperanza para que las cosas cambien.

En vista de todo lo anterior, creo que toda persona en su sano juicio debería estar muy pendiente de todo lo que está sucediendo en Estados Unidos.

El nuevo orden mundial comienza con la economía

Todo el mundo se da cuenta de que se avecina un cambio inminente. La desconfianza entre las superpotencias, el inevitable colapso de la Unión Europea, las crecientes disputas económicas entre Rusia, Estados Unidos, Europa y China, han hecho del mundo un lugar inestable e inseguro.

En Estados Unidos, la ausencia de un verdadero tejido industrial y la fuerte dependencia de la hechicería financiera para mantener un falso crecimiento ignorando la espiral de deuda, han ampliado la brecha entre “ricos” y “pobres”; hasta el punto que la clase media está al borde de la desaparición. Hay demasiados indicadores en los Estados Unidos que se asemejan a los de los países del Tercer Mundo como para que su economía sea considerada sólida o tan siquiera consistente. Si ocho años después de la Gran Recesión, uno de cada siete estadounidenses sigue viviendo gracias a los cupones de comida, el cambio no puede estar muy lejos.

Donald Trump se dio cuenta de esto e hizo de la economía su baluarte. Y resultó ser un as.

No obstante, el cambio prometido por Trump para llegar a la Casa Blanca no es posible. Es demasiado tarde para que el “cinturón de óxido” vuelva a ser el “cinturón de acero”. Los trabajadores en las líneas de montaje de Estados Unidos no pueden competir con los trabajadores chinos, vietnamitas o mexicanos porque el precio de los productos no sería competitivo y su calidad no superaría la de los fabricantes actuales (comparemos, por ejemplo, los autos japoneses con los estadounidenses).

Y algo todavía más importante: hoy, todo se está volviendo nano, cuando no completamente virtual. De modo que no hay necesidad de tantas manos trabajando, y en muchos casos las manos no son necesarias en absoluto. En los próximos años, la acelerada automatización y la robótica harán que decenas –y potencialmente cientos de millones de personas– se queden sin empleo. No estarán simplemente desempleados buscando su próximo trabajo: se encontrarán indefinidamente desempleados. Las máquinas se harán cargo de sus profesiones, haciendo su trabajo mucho más rápido, mejor y por mucho menos dinero de lo que ellos podrían hacerlo.

Por lo tanto, la actual transformación de la industria a nivel mundial afectará a todos los países del planeta. América, siempre a la vanguardia en cada gran cambio durante los últimos cien años, se enfrenta a otro avance o a un fracaso. Las decisiones económicas de la administración estadounidense durante los próximos cuatro años no solo determinarán el destino de América, sino del mundo entero.

La economía de los privilegios personales

Desde hace varios años, los economistas saben que los tradicionales indicadores sobre el nivel de vida no reflejan de manera fidedigna la felicidad de las personas. Los niveles de depresión en los EE.UU. han ido en aumento durante décadas, y como el aclamado psicólogo Jean M. Twenge explicó en su libro, Generation Me, el culpable es nuestro creciente egoísmo y el espíritu de privilegios personales.

Y sin embargo, no podemos detener o tan siquiera ralentizar este aumento de nuestro egoísmo. Su intensificación es algo inherente a nosotros, y a menos que encontremos una manera de trabajar con el ego en lugar de ir contra él –usando por ejemplo sustancias para olvidar– nuestra sociedad se desmoronará.

En mi libro Self Interest vs. Altruism in the Global Era, explico la singularidad de la psique humana. Todo lo que existe en nuestra realidad mantiene un equilibrio entre dos polos generados por dos fuerzas: una positiva y otra negativa. Nuestro planeta no existiría tal como ahora lo conocemos si solo hubiera existido el día sin la noche, o el sol sin la lluvia. Las células no existirían si no pudieran tomar lo que necesitan del entorno y devolver a cambio lo que este necesita. Y esto que sucede en las células también sucede en nuestros cuerpos. Si los órganos de nuestro cuerpo no mantuvieran un equilibrio denominado homeostasis, no existiríamos.

Sin embargo cuando, en vez de la naturaleza, son los seres humanos quienes gobiernan, el equilibrio se rompe y la fuerza negativa es la única que predomina. En general, ignoramos esta necesidad de equilibrio y nos movemos solo guiándonos por un espíritu de beneficio personal, haciendo con ello que nuestras vidas sean penosas.

Imagínese, Sr. Doe, visitando una ciudad llamada Desolación. Sus habitantes compiten por el poder, el dinero y el honor, y no se tienen en consideración unos a otros. Imagíneselos saliendo de sus hogares a un mundo donde no pueden confiar en nadie porque todo el mundo es un rival, un competidor. No hay honestidad, ninguna cercanía entre los corazones, solo existen alianzas temporales que se desvanecen en cuanto se presenta una asociación más rentable. ¿Cómo cree usted que se siente la gente de Desolación? ¿Los culparía por sentirse deprimidos? ¿Les reprocharía que buscaran desesperadamente una alternativa?

Una nueva fuente de poder

Si los habitantes de Desolación conocieran esa fuerza positiva y supieran beneficiarse de ella, serían mucho, pero mucho más felices. Como dijimos anteriormente, esa fuerza positiva existe por todas partes salvo en la sociedad humana. Pero ¿qué pasaría si pudiéramos “conseguir” esta fuerza fuera de la naturaleza, del mismo modo que Nikola Tesla consiguió electricidad a partir del aire? ¿Puede imaginar los beneficios de una fuente de energía de este tipo?

Aunque el egoísmo excesivo hace a la gente infeliz, no es una elección hecha conscientemente. Es algo innato. Como nos dice la Biblia: “La inclinación del corazón de un hombre es mala desde su juventud” (Génesis 8:21). Sin embargo, no sentimos que seamos egoístas porque ignoramos cómo es el verdadero altruismo. Así como no sabríamos que existe la luz si no fuera por la oscuridad, solo sabremos lo egoístas que somos cuando comencemos a amasar la fuerza positiva.

Una industria de cohesión social

Para entender esa fuerza positiva, pensemos en una planta generadora de electricidad. Toda central eléctrica necesita combustible que se pueda utilizar para producir electricidad. De manera análoga, podemos decir que los esfuerzos de las personas para unirse por encima del ego son el combustible, y la energía que produce el combustible es la fuerza positiva. Cuando esta fuerza se aplica a la sociedad humana a modo de remedio para el egoísmo, genera cohesión social.

Los equipos deportivos son un gran ejemplo del impacto de la fuerza positiva. Cualquier equipo sabe que una de las claves para su éxito es el nivel de cohesión entre los compañeros de equipo. No es fácil que individuos competitivos buscando el éxito personal dejen de lado sus egos en pro del éxito del grupo. Pero cuando hacen ese esfuerzo para unirse, implantan la fuerza positiva entre ellos, y esto a su vez crea cohesión.

En un país desgarrado por las diferencias raciales, religiosas y socioeconómicas, la cohesión social es necesaria para que tenga éxito; en la misma medida que el pegamento es necesario para unir las capas de madera contrachapada. La única fuerza que puede crear una cohesión social duradera y genuina es la fuerza positiva que podemos generar a través de nuestros esfuerzos por conectar, al igual que los equipos. Cuanta más fuerza positiva generemos a través de nuestros esfuerzos por superar nuestros egos y unirnos, más aumentaremos nuestra cohesión social.

En los próximos años veremos un cambio en cómo medimos nuestra felicidad. Las preocupaciones materiales se volverán obsoletas porque el mundo ya produce más de lo que consume, aunque lo distribuimos de manera desigual debido a nuestro egoísmo. En una sociedad basada en la cohesión social, no existirá el abandono ni las penurias. El deseo de mejorar la cohesión social nos hará aprovechar todas las oportunidades para ayudarnos unos a otros y elevarnos por encima de nuestros egos.

¿Recuerdas Desolación? ¿Cómo se sentiría la gente de esa ciudad si, en vez de nuestra primera sombría descripción, salieran de sus hogares para encontrarse con gente que los sonríe e intenta conectarse con ellos para aumentar la cohesión?

En Israel, una organización llamada Arvut (garantía mutua) ha desarrollado un método de deliberación que genera fuerza positiva al elevarse por encima de los temas políticos y sociales más delicados. Como muestra el video en el enlace, los resultados son extraordinarios: judíos, musulmanes, cristianos, religiosos y laicos deliberan libre y cálidamente, intercambiando números de teléfono y direcciones de correo electrónico después de una sola sesión. La experiencia de la cohesión social eclipsa todo prejuicio o sospecha. Si esta fuerza se generase a gran escala, América se transformaría, y con ella el mundo entero.

Estos son tiempos de cambios, querido John. Una vez se produzcan, seremos sabios, fuertes y pacíficos. Pero la elección está en nuestras manos. Podemos avanzar hacia la cohesión de manera consciente, agradable y sin dificultades, o podemos seguir tropezando por el camino traicionero que hemos transitado durante tanto tiempo. América fue una vez la tierra de los libres, el hogar de los valientes. Ahora debe elegir serlo una vez más, por su propio bien y por el de todos.

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