Uniting Europe

Podemos hacer de la toma de posesión de Donald Trump el inicio de una nueva, ahora lo único que hace falta es nuestra determinación.

Donald Trump acaba de ser proclamado el cuadragésimo quinto Presidente de los Estados Unidos. Pero todavía no tengo claro si debemos felicitarlo o reconfortarlo en su toma de posesión. Miremos donde miremos, encontramos caos, desamparo y desesperanza. En el siglo XX, el egoísmo humano en estado puro puso a la naturaleza de rodillas. En el siglo XXI, está poniendo a la humanidad de rodillas.

 

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El presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump (izquierda) y el vicepresidente electo Mike Pence en el toque de silencio tras depositar una corona en la tumba del soldado desconocido en el cementerio nacional de Arlington, Virginia, EE.UU. JREUTERS/Jonathan Ernst

Desde el 11 de septiembre de 2001, cuando terroristas de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones de pasajeros, demolieron el World Trade Center y parte del Pentágono, y mataron a 3.000 personas, Estados Unidos ha estado en guerra contra el terrorismo islamista. Desde 2011, cuando estalló la Primavera Árabe, el mundo árabe ha sufrido la devastación a medida que iban cayendo los regímenes de Oriente Próximo y Oriente Medio, y naciones enteras están sumidas en un mortífero caos que se ha cobrado la vida de millones de civiles. Hasta la fecha, con excepción de Israel y parcialmente Jordania, ningún país de Oriente Próximo goza de estabilidad o relativa normalidad.

La oleada de inmigración tras el colapso de los gobiernos en el mundo musulmán ha provocado un tsunami migratorio en Europa. Los europeos, que estaban inmersos en un esfuerzo para recuperarse de una crisis financiera –el efecto dominó del casi colapso de Wall Street en 2008– se han visto desbordados y literalmente violados por una marea de migrantes musulmanes, en su mayoría hombres, que vociferan desvergonzadamente sus exigencias: ser tratados como si fueran dueños y señores, no como refugiados.

A medida que el caos se propagaba por Europa, los Estados Unidos no se iban quedando atrás. La violencia se ha extendido por todo el país, el terrorismo musulmán ha golpeado duramente en varias ocasiones, las tensiones raciales han crecido significativamente, y esto ha propiciado frecuentes agresiones y el antisemitismo, que ya aterraba a los judíos en Europa, y ahora se ha extendido por todas las instituciones académicas de Estados Unidos y comienza a tomar las calles.

Y por si todo esto no fuera suficiente, la naturaleza ha empezado a vengarse de los abusos del hombre a través de grandes terremotos y tsunamis en Japón, Haití y otros lugares; asimismo se han alcanzado temperaturas récord por todo el mundo durante tres años seguidos, y hay una sensación general de impotencia ante la furia de naturaleza. ¿Quién podía imaginar que en pleno siglo XXI, a los parisinos, antaño habitantes de la capital del “buen vivir”, les iban a decir que “no deben temer a los lobos que merodean por las calles de París porque solo se alimentan de animales de cuatro patas”. El mundo es un verdadero caos.

Incluso en Davos, la revista Forbes ha llegado a la conclusión de que “parece que un desorden mundial radicalmente nuevo (…) ha empezado a emerger, poniendo en duda la viabilidad del orden mundial liberal que surgió tras la guerra”. Y así, antes de las fábricas de alimentos falsos en China logren envenenar a toda la población por pura codicia, antes de que Europa se suma en el caos más absoluto a medida que la UE se desintegra, antes de que el ejército de Estados Unidos declare la ley marcial en el país para frenar los violentos disturbios, antes de que los judíos sean masacrados por todo el mundo, detengámonos un momento. En vez de entrar en pánico, subamos a bordo de un avión imaginario y observemos nuestra realidad a vista de pájaro.

Ciertamente necesitamos encontrar un sentido al nuevo desorden mundial.

Ese néctar dulce y maligno

Rav Yehuda Ashlag, conocido como Baal HaSulam (el autor de la escalera) por su comentario Sulam (escalera) sobre El libro del Zóhar, fue el cabalista más grande del siglo XX. También fue el padre de mi maestro, Rav Baruch Ashlag (RABASH), que continuó las enseñanzas de su padre y heredó sus manuscritos. Una noche, mientras revisaba las cartas que Baal HaSulam había escrito a sus alumnos, encontré una alegoría que me conmovió profundamente. Baal HaSulam describía en ella que el egoísmo es como un néctar dulce pero venenoso, colocado en la punta de una espada. El néctar es tan dulce y adictivo que todo aquel que lo descubre se ve obligado a llevar la espada hasta su boca, extender su lengua y dejar que la gota de néctar caiga; y así gota a gota, gota a gota, hasta que el veneno se apodera de él y muere.

Ese néctar dulce y maligno es nuestro ego. El ego nos prometió que el capitalismo nos haría a todos ricos. Pero cuando la gente se hizo rica, el ego les hizo que arrebataran todo para sí mismos y no dejaran nada para los demás. El ego también nos prometió que el comunismo nos haría a todos iguales y que garantizaría que todos estuviéramos bien alimentados, bien vestidos y sanos. Pero en cuanto los líderes del comunismo se convirtieron en gobernantes, el ego asumió el control; y la igualdad y el bienestar del pueblo se quedaron por el camino, en los perennes hielos siberianos. El ego también nos prometió que el liberalismo garantizaría nuestra libertad de expresión y nuestra libertad de pensamiento, pero en cuanto tomó las riendas, nos separó a unos de otros mediante la corrección política. En nombre de la Primera Enmienda, el ego nos ha dividido tanto que la gente siente que es correcto excluir a miembros de la familia solo porque ellos no son liberales también.

Todas estas falsas promesas del ego son el néctar venenoso. Todas son dulces cuando las probamos en un primer momento, pero todas se vuelven amargas y nos dejan más hambrientos y enfermos de lo que estábamos. ¡Necesitamos un auténtico remedio!

Si la vida te da limones…

“Si la vida te da limones”, dice un proverbio, “haz limonada”. Y el ego es un inmenso limón. Ninguna otra especie ha recibido este tipo de obstáculo. Todas las demás partes de la naturaleza – animales, plantas, incluso minerales– funcionan alegremente junto al perfecto equilibrio de la naturaleza entre fuerzas positivas y negativas. Ellas generan la pleamar y la bajamar, el día y la noche, el verano y el invierno, la vida y la muerte. A nosotros, por el contrario, solo se nos ha dado lo negativo: un cada vez mayor deseo de recibir y ningún deseo de dar (excepto si recibimos algo más a cambio).

Hace miles de años, los antiguos sabios hebreos se dieron cuenta de ello y señalaron: “La inclinación del corazón del hombre es mala desde temprana edad” (Génesis 5:21). Sin embargo, no se contentaron con señalar el problema: idearon una receta para convertir los amargos limones en limonada dulce.

El primero en descubrir esto fue Abraham el Patriarca, cuyo legado de misericordia sentó las bases de lo que más tarde llegaría a ser la ley de Israel: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Pero el ego no daba tregua: seguía creciendo. Maimónides nos dice (Mishné Torá) que Abraham legó su sabiduría a sus hijos y sus discípulos, que continuaron desarrollándola a lo largo de los años. Finalmente, bajo el liderazgo de Moisés, al grupo de Abraham se le dijo que o bien se unían “como un solo hombre con un solo corazón” convirtiéndose así en una nación, o bien el monte de Sinaí (de la palabra hebrea sinaah [odio]), que había sido dado la vuelta sobre ellos a modo de bóveda, sería su tumba (Maséjet Shabat). Y eligieron la unidad.

En ese momento, los limones fueron convertidos en limonada. El pueblo de Israel descubrió que si en vez de suprimir la montaña de odio que surgía entre ellos, la cubrían con amor, estaban desatando la fuerza positiva y equilibrante que existe en todas partes de la naturaleza salvo en la humanidad. El libro Likutey Etzot (miscelánea de consejos) describe este proceso de la siguiente manera: “La esencia de la paz es conectar dos opuestos. Por lo tanto, no te alarmes si ves a una persona cuya opinión es completamente opuesta a la tuya y piensas que nunca podrás hacer la paz con ella. O cuando ves a dos personas que son completamente opuestas entre sí, no digas que es imposible hacer la paz entre ellos. Por el contrario, la esencia de la paz es tratar de sellar la paz entre dos contrarios”.

Entre derecha e izquierda

A la Cabalá le gusta utilizar una noción llamada las “tres líneas”, dispuestas en “derecha”, “izquierda” y “línea media”. La línea izquierda es el ego. Tenemos de ello en abundancia. La línea derecha es el deseo de dar, el atributo de misericordia de Abraham. La línea media no existe por sí sola: es el resultado de un buen equilibrio entre el ego y el atributo de misericordia, un equilibrio entre la línea derecha e izquierda.

Al observar la naturaleza, no percibimos tres líneas: vemos la armonía. Esta armonía es el resultado del equilibrio perfecto que existe entre los dos deseos en la naturaleza. Dado que los seres humanos estamos desprovistos de la línea derecha –el atributo de la misericordia– resulta muy fácil distinguir el ego y es evidente que debemos complementarlo con el atributo de la misericordia. Cuanto mayor es el ego, más misericordia hace falta para equilibrarlo y crear una línea media sostenible. Lo cierto es que el crecimiento del ego está ocurriendo precisamente para que añadamos el atributo de misericordia y cubramos nuestros egos con ella.

Nuestros sabios conocían esta sabiduría y por eso nunca intentaron destruir el ego o reprimirlo. Sabían que era la base necesaria para erigir el atributo de misericordia. Y en ese proceso de construcción, comprendieron el secreto de la armonía en la naturaleza: el equilibrio perfecto entre la línea derecha y la línea izquierda.

A medida que el ego siguió evolucionando, también evolucionaron los métodos para contrarrestarlo. El libro del Zóhar escribe en la sección Ajarey Mot: “He aquí, cuán bueno y agradable es que los hermanos se sienten juntos. Estos son los amigos, que se sientan juntos, y no están separados unos de otros. Al principio, parecen personas enfrentadas, deseando matarse unos a otros. Luego, vuelven a estar en amor fraternal. Desde ese momento, tampoco vosotros os separaréis (…) Y por vuestro mérito habrá paz en el mundo”

Limonada en el siglo XXI

Lo que funcionó con los autores de El Zóhar no funcionaría con nosotros. Sencillamente somos demasiado egoístas para poder introducir la línea derecha de la misma manera que los autores de El Zóhar.

Para contrarrestar el ego, primero tenemos que equilibrar la intolerable desigualdad en nuestra sociedad. Datos revelados recientemente muestran que la desigualdad en los Estados Unidos ha aumentado tanto que una élite del 1% de la población “gana 81 veces más” que el 50% de los que están por debajo. (Es decir, no los más pobres, sino el cincuenta por ciento de las clases inferiores de la población estadounidense). “Esta relación de 1 a 81 es similar a la brecha entre la renta media en los Estados Unidos y la renta media de los países más pobres del mundo”, como “la República Democrática del Congo, la República Centroafricana o Burundi, arrasados por la guerra”.

Muchos políticos y líderes de opinión son cada vez más conscientes de que se debe garantizar algún tipo de ingreso básico a todo el mundo. Se dan cuenta de que en un mundo con ingresos cada vez más inestables debido a la automatización del trabajo y la globalización, el riesgo de inestabilidad social crecerá a medida que el desempleo de larga duración se vuelve omnipresente. Cuando las personas no pueden proporcionar un sustento a sus familias ni a sí mismos, se vuelven desesperadas y, por ende, peligrosas. De uno u otro modo, los gobiernos tendrán que encontrar la fórmula para garantizar que la población no pase hambre.

No obstante, regalar dinero sin más no reducirá el riesgo de malestar social. Si la gente no tiene nada que hacer durante todo el día, si no tiene un compromiso con nadie, se convertirán en bombas de relojería que, sin duda, explotarán. Teniendo en cuenta que solo por no estar empleados nuestro egocentrismo no va a dejar de crecer, es fácil imaginar lo que serán las calles de las ciudades en unos años a partir de ahora.

Por todo esto, lo que podemos y debemos hacer es comprometernos a participar en “formaciones para la conexión” como requisito previo para recibir una renta básica. En estas capacitaciones, la gente aprenderá acerca del equilibrio de la naturaleza, el desequilibrio de la naturaleza humana, y la necesidad de complementar el ego con la compasión para crear un equilibrio armonioso. En otras palabras, aprender acerca de las tres líneas.

Pero no solamente aprenderán: tomarán parte en la incorporación del atributo de misericordia en la humanidad, como hicieron los antiguos hebreos hace más de dos milenios. Mis estudiantes llevan a cabo por todo el mundo lo que ellos han denominado “círculos de conexión”. En estos círculos, extranjeros, personas de distintos estratos sociales, e incluso personas involucradas en conflictos abiertos, aprender a preocuparse unos de otros en formas que nunca creyeron posibles.

Utilizamos el círculo para indicar que todos son iguales. Cuando esto es así, nadie domina ni impone su punto de vista, y todo el mundo escucha a los demás. El objetivo del círculo es hacer un esfuerzo por conectar a la gente tratando de subir por encima del ego. En cuanto la gente actúa así, empiezan a desbloquear el atributo de misericordia que existe por toda la naturaleza excepto en nosotros; y entonces cubrimos nuestro egoísmo con la preocupación por los demás. No hay demoras: los participantes sienten en pocos minutos el impacto de la línea derecha –la fuerza positiva– y su poder equilibrante sobre el ego, la línea izquierda. Empleando un lenguaje más simbólico, en el círculo tomamos el limón de la izquierda, el azúcar de la derecha y en el medio hacemos la limonada. El enlace anterior muestra cómo hacerlo, al igual que este vídeo e incluso este otro (en hebreo, asegúrese de activar los subtítulos) entre árabes y judíos. En estos círculos la gente puede elevarse por encima de su odio y liberar el atributo de misericordia (línea derecha) en el círculo.

Estos círculos también se pueden realizar a través de Internet. Ya hay países que llevan a cabo círculos de conexión en línea con decenas –y a veces cientos de personas simultáneamente– agrupadas en círculos de 8-10 personas con participantes que a menudo están en diferentes lugares e incluso diferentes países. Si tales técnicas fueran empleadas en masa, cambiaría el ambiente de este mundo. La gente se dirigiría hacia la conexión y no a la confrontación. Las calles serían más seguras, las familias estarían más tranquilas y la gente ciertamente se sonreiría por la calle.

Si lo hacemos correctamente, la gente comprenderá que el ego forma parte de lo que somos y que no está destinado a ser un medio para superar a otros, sino para conectarse con ellos en un nivel superior. Cuando las personas comprendan que así es como funcionan las fuerzas de la naturaleza, sabrán cómo hacer que sus vidas avancen acertadamente.

Con el transcurso del tiempo, la gente necesitará desarrollar nuevos métodos para conectarse por encima de los crecientes egos. Pero puesto que habrán comprendido el principio fundamental de la vida –la línea derecha, la línea izquierda y la línea media– encontrarán nuevas fórmulas para conectarse en lugar de volver a la violencia. El principio de tres líneas, si se implementa, garantizará la paz, el bienestar y la felicidad en nuestro planeta.

Espero que la toma de posesión de Donald J. Trump sea también el comienzo de un nuevo futuro para la humanidad, un tiempo en el que los limones amargos se conviertan en una limonada dulce y sana. Sabemos cómo hacerlo; tenemos los medios; lo único que hace falta es nuestra determinación.

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