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Llegan a su fin los viejos tiempos en los que era necesario un empleo. Llegan los tiempos de no tener trabajo; y tenemos que estar preparados.

El pasado mes de abril, la oficina del censo publicó un estudio que reflejaba una preocupante tendencia: muchos jóvenes, aunque están completamente sanos, no tienen ningún deseo de trabajar. Y la tendencia no para de crecer. El estudio revela que “1 de cada 3 jóvenes, es decir unos 24 millones, vivían en casa de sus padres en 2015”. Además, “en 2005, la mayoría de jóvenes adultos vivían en su propio hogar (…) en 35 estados. En 2015 sin embargo, el número de estados donde una mayoría de jóvenes se había independizado, cayó hasta solamente seis. Pero quizá lo más alarmante sea esto: “De todos los jóvenes viviendo en el domicilio parental, 1 de cada 4 está sin ocupación, es decir ni estudian, ni trabajan. Esto se traduce en unos 2,2 millones de jóvenes entre 25 y 34 años”.

En vez de trabajar, los Millennials a menudo prefieren pasar el tiempo ociosamente. Muchos de ellos, por ejemplo, prefieren quedarse en casa con los videojuegos en lugar de salir y buscar trabajo. No es que sean ineptos o poco inteligentes, y no es que sea imposible encontrar trabajo. Lo que ocurre es que los jóvenes sencillamente no tienen interés en encontrarlo. No les interesa lo que este mundo puede ofrecerles.

Estos datos nos advierten de que, bajo la superficie, hay una historia muy distinta. La época en la que trabajo es una necesidad está llegando a su fin. Nos adentramos en una nueva era sin empleos y deberíamos prepararnos para ello. Si así lo hacemos, la transición será pacífica, agradable. Si lo postergamos y esperamos a que el desempleo nos pille desprevenidos, la transición será mucho más dolorosa.

La Renta Básica y el peligro de radicalización

En su reciente discurso de graduación en Harvard, Mark Zuckerberg, director ejecutivo de Facebook, dijo que deberíamos empezar a pensar en “una renta básica universal para los americanos”. Como ya publiqué anteriormente, no me cabe duda de que en un futuro cercano tendremos que proporcionar una renta básica a todo el mundo.

No obstante, aunque estos ingresos básicos cubrirán las necesidades materiales, no serán capaces de proporcionar un propósito y un sentido a la vida. Los videojuegos y el cannabis a buen precio no proporcionarán alivio durante mucho más tiempo, ya que en la naturaleza humana está el buscar un sentido a la existencia. Y si la gente no puede encontrarlo, se irán a los extremos. Esta tendencia ya se está dando, y muchos jóvenes están radicalizándose en esa búsqueda de sentido, lo que los convierte en un peligro para la sociedad (recordemos el reciente ataque terrorista en Mánchester). Si no hallamos una solución, esta tendencia se extenderá y la violencia y el terrorismo acabarán con la normalidad.

Una espada desenvainada con su punta envenenada

Para poder llevar a cabo una transición indolora y sin problemas desde el modus operandi egocéntrico que hasta ahora hemos alimentado hacia la nueva era, debemos entender la naturaleza de esta era que se aproxima y cómo abordarla para disfrutar de sus beneficios y evitar sus trampas.

Cuando empecé a aprender con mi maestro de Cabalá, el Rav Baruch Ashlag (RABASH), me habló acerca de una alegoría escrita por su padre, el Rav Yehuda Ashlag, conocido como Baal HaSulam (autor de la escalera) por su comentario Sulam (escalera) sobre El libro del Zóhar. En su introducción al Árbol de la Vida, Baal HaSulam escribió que el ego es como un ángel que sostiene una espada desenvainada con una pizca de néctar dulce pero venenoso en su punta. Este ángel, nuestro ego, nos obliga a abrir nuestras bocas y saborear el dulce néctar hasta que nos lleva a la muerte.

La espada desenvainada, el arma de nuestro egoísmo, amenaza con que nos sucederán cosas terribles si no nos centramos exclusivamente en nosotros mismos. Nos promete la felicidad si nos entregamos al egocentrismo, pero el néctar en la punta de la espada (los breves momentos de felicidad en la vida) tan solo nos hacen anhelar más néctar. Y al final, nos volvemos tan narcisistas que perdemos todo contacto con la realidad, como si estuviéramos muertos.

Hoy sabemos que Baal HaSulam tenía razón, pero hasta hace poco no estaba claro que debiéramos encontrar una forma práctica para pasar del néctar del egoísmo al nuevo incentivo para existir: el placer en las conexiones positivas.

Un remedio de la antigüedad

A lo largo de la historia, solamente una nación ha tenido el privilegio de vivir bajo un paradigma de conexiones positivas. Esta nación, el pueblo judío, surgió de un grupo establecido por Abraham el Patriarca cuando vio que sus conciudadanos de Ur se volvían peligrosamente egocéntricos.

En el tiempo de Abraham, por toda la antigua Babilonia (de la cual formaba parte Ur de los Caldeos), la gente empezó a volverse cada vez más egoísta. El libro Pirkey De Rabbi Eliezer (capítulo 24) dice que cuando Abraham pasó por la Torre de Babel, vio la creciente división entre sus constructores. Se volvieron tan indiferentes unos hacia otros que “Si un hombre caía y moría, no le prestaban ninguna atención. Pero si un ladrillo caía, se sentaban y gemían: ‘¡Ay de nosotros! ¿Cuándo vendrá otro en su lugar?’”. A medida que su distanciamiento crecía, “querían hablar entre sí, pero no conocían el lenguaje del otro. ¿Qué hicieron? Cada uno tomó su espada y lucharon entre ellos hasta la muerte. De hecho, medio mundo fue masacrado allí, y desde ahí se dispersaron por todo el planeta”.

Abraham se dio cuenta de que los babilonios eran incapaces de superar sus egos. Para sanar a su sociedad del egoísmo, adoptó un sencillo planteamiento: en lugar de combatir la separación, fomentar la conexión y el otorgamiento.

Los seguidores y descendientes de Abraham siguieron perfeccionando su unidad por encima de sus crecientes egos hasta que forjaron lazos tan estrechos que se convirtieron en lo que el gran comentarista RASHI denominó “como un hombre con un solo corazón”. Solo después de consolidar esta profunda unidad, los descendientes de Abraham fueron proclamados nación: la nación judía. Y por eso el libro Yaarot Devash (Parte 2, Drush nº 2) nos dice que la palabra Yehudí (judío) proviene de la palabra Yihudi, es decir, unidos.

A lo largo de siglos, los primeros judíos desarrollaron su método armonizando la unidad con el creciente egoísmo. Cada vez que su egoísmo prevalecía, discutían y peleaban entre sí. Y cada vez que armonizaban la discordia con conexión, se elevaban a nuevas cotas de unidad. Por eso, El libro del Zóhar (Beshalach) escribe: “Todas las guerras de la Torá son para la paz y el amor”.

Centrar la atención en las conexiones positivas

Los antiguos judíos legaron al mundo valores que todavía hoy son enormemente apreciados. El historiador Paul Johnson escribió en Historia de los judíos: “A los judíos les debemos la idea de igualdad ante la ley, tanto humana como divina; de la santidad de la vida y la dignidad de las personas humanas; la idea de la conciencia individual y la de la redención personal; de conciencia colectiva y por lo tanto de responsabilidad social; la idea de la paz como un ideal abstracto y el amor como fundamento de la justicia, y muchos otros elementos que constituyen el equipamiento moral básico de la mente humana”.

Sin embargo, en lugar de ser “una luz para las naciones” y llevar al mundo al nivel de existencia en conexión, los judíos han caído en el egoísmo. Desde su declive, la humanidad no ha sido capaz de establecer estructuras sociales duraderas basadas en conexiones positivas.

Por esta razón, ahora que nuestros egos han agotado su atractivo, tenemos la oportunidad de volver a establecer una sociedad que proporcione felicidad y propósito a nuestras vidas; todo ello gracias a las conexiones positivas y la solidaridad mutua.

Ahora que la sociedad puede proporcionar una renta básica a cada persona, podemos concentrarnos en optimizar nuestras conexiones. Dado que a los jóvenes ya no les interesan las carreras, van a ir en busca de un sentido a otros lugares. Pero un sentido profundo y duradero solo podemos hallarlo en unas relaciones humanas positivas.

En una famosa charla de TED titulada “La influencia oculta de las redes sociales”, El aclamado sociólogo Nicholas Christakis detalló lo que la ciencia ha revelado sobre el impacto de las conexiones humanas: “Nuestra experiencia del mundo depende de la estructura de las redes en las que vivimos y de las cosas que se mueven y fluyen a través de esas redes. Y la razón de que esto suceda es que los seres humanos se aglutinan formando una especie de superorganismo”.

Un nuevo conjunto de industrias en torno al corazón

Para pasar del individualismo a las conexiones positivas, debemos aprovechar el creciente tiempo libre de las personas para darles una formación que les ayude a establecer este tipo de relaciones. Es más, para garantizar que todos pasen por estas formaciones, la concesión de la renta básica debería estar supeditada a la participación en ellas.

Una participación obligatoria como condición para obtener la renta básica persigue dos fines: 1) Una persona que recibe dinero gratis sin ningún tipo de compromiso no se siente obligada con la sociedad y con toda probabilidad se volverá cada vez más narcisista y antisocial. 2) Como he mencionado más arriba, la gente, cuando no tiene un propósito en la vida, necesariamente seguirá buscando uno, y es probable que acabe radicalizándose. Las formaciones les enseñarán a potenciar las conexiones positivas y esto les proporcionará el sentido que buscan a la vida.

Con la tecnología de hoy, estas formaciones pueden ser impartidas casi sin gasto alguno. A través de encuentros en línea con talleres guiados, la gente aprenderá a conectarse por encima del odio tal como hicieron Abraham y sus discípulos hace casi cuatro milenios. Incluso el más notorio antisemita de la historia estadounidense, Henry Ford, recomendó aprender de los primeros judíos en su libro El judío internacional: el principal problema del mundo: “los reformadores modernos, aquellos que diseñan modelos de sistemas sociales, harían bien en observar el sistema social en virtud del cual se organizaron los primeros judíos”.

En efecto, eso es lo que tenemos que hacer. Los gobiernos, municipalidades y otras organizaciones deberían ahora involucrarse para que se impartan esas formaciones a aquellos con tiempo para participar. Una vez inscritos, los alumnos no serán considerados desempleados o desocupados, sino como individuos empleados cuyo trabajo es fomentar las conexiones positivas en la sociedad. En un futuro próximo, esta forma de conexión será el producto más buscado del mercado. Las conexiones positivas son la base de toda sociedad estable. Por lo tanto, los “trabajadores de fabricación” que generen estas conexiones serán indispensables para sus comunidades.

El columnista del New York Times, Thomas Friedman, dijo en una entrevista con Tucker Carlson en el programa Tucker Carlson Tonight: “Creo que conectar a la gente entre sí será un trabajo inmenso. (…) Creo que los mejores trabajos serán puestos en los que se trabaje de persona a persona. Vamos a ver un nuevo conjunto de ocupaciones e industrias girando en torno al corazón, a la conexión de unas personas con otras”.

A pesar de que Friedman tiene razón, sin una tecnología en la base de esta nueva industria, los productos serán defectuosos. Aquí es donde entra en juego el método de Abraham. En mi libro Completando el círculo: Un método comprobado empíricamente para hallar paz y armonía en la vida (título en inglés), explico en detalle la técnica para promover la conexión en vez de la separación. Esta metodología puede valer tanto para individuos como para organizaciones, y es muy sencilla de aplicar siempre y cuando guardemos esta premisa: cada enfrentamiento surge solamente para poder fortalecer nuestra conexión. Es la interpretación moderna de las palabras de El Zóhar que anteriormente cité: “Todas las guerras de la Torá son para la paz y el amor”.

En suma, el único remedio a la desintegración de nuestra sociedad es una renta básica para todos a condición de participar en la construcción de nuevas comunidades en solidaridad mutua y conectadas de manera positiva; todo ello mediante una serie de formaciones que nos llevarán de manera pacífica y agradable desde la era del egoísmo hasta la era de las conexiones positivas y la responsabilidad mutua.

 

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