Uniting Europe

Cuando en nombre del progresismo se perpetra un asesinato a sangre fría, e incluso es alentado, deberían sonar las alarmas en todo el país. De no controlarlo, el nazismo se instalará en la tierra de la libertad.

En diciembre de 1964, en la universidad de Berkeley nacía el Movimiento de Libertad de Expresión: los estudiantes que llevaban un distintivo de “libertad de expresión” exigían el derecho a expresar libremente sus opiniones. En marzo de 2017, la libertad de expresión desapareció de la universidad Berkeley: los estudiantes quemaron el distintivo de la libertad de expresión en un intento de silenciar a los partidarios del presidente Donald Trump.

En el día de la quema, Loretta Lynch, ex fiscal general de la administración Barack Obama, recomendaba en una grabación de vídeo que “los ciudadanos de a pie, que se dan cuenta de lo que hay que hacer”, tomarán medidas. Ella recordaba a sus espectadores que en el pasado, la gente “se ha manifestado, ha sangrado, y sí, algunos de ellos han muerto”. En conclusión, declaró: “Hemos hecho esto antes; podemos volver a hacerlo”.

Tres meses después, el 14 de junio de 2017, un “ciudadano de a pie” de 66 años, casado, llamado James T. Hodgkinson, que casualmente había compartido las opiniones políticas de Lynch y que fue también activista político de Bernie Sanders en las pasadas elecciones, hizo exactamente lo que la ex fiscal general había sugerido. Hodgkinson se hizo con una pistola y disparó a un alto miembro del Partido Republicano, el congresista Stephen Joseph Scalise, mientras este jugaba al béisbol, el juego más identificativo de los Estados Unidos.

El horroroso acto de Hodgkinson y el escalofriante llamamiento de Lynch son parte de una campaña que, si no se detiene, acabará con la democracia en Estados Unidos. La comediante Kathy Griffin publicó una foto de ella con una máscara de la cabeza cortada y ensangrentada del presidente Trump. Snoop Dog, músico de rap y actor, produjo un vídeo en el que coloca una pistola falsa en la cabeza de Trump, la dispara y sale un letrero que dice “bang”. Luego se ve al presidente atado y humillado. Recientemente, una producción estival en Central Park del Julio César de Shakespeare representaba al dictador romano muerto como el Presidente Trump.

Tres días antes del ataque al congresista Scalise, el Huffington Post, conocido blog de izquierdas, publicó un ensayo titulado “Ya no basta con la destitución: Donald Trump debe hacer frente a la justicia”. El subtítulo decía lo siguiente: “Destituirlo y retirarlo del cargo son solamente los primeros pasos; para que América sea redimida, Donald Trump debe ser procesado por traición y –si es condenado en un tribunal de justicia– debe ser ejecutado”.

Y la materialización de las amenazas no ha desalentado a los extremistas. Al contrario, ¡los ha animado! La congresista republicana Claudia Tenney recibió un correo electrónico que decía: “Uno menos, todavía quedan 216”. El correo electrónico proseguía: “¿NO esperabas esto? Si se quita la vida a los ciudadanos de a pie para sobornar a los más ricos entre nosotros, se paga con la propia vida”.

 

Cuando la intolerancia y la superioridad moral toman el mando… ¡cuidado!

Los hechos dramáticos como el tiroteo de un congresista nos sacuden por dentro. Y por ello, son una gran oportunidad para cambiar el rumbo. El congresista republicano Rodney Davis dijo a Brianna Keilar en la CNN: “Este odio que vemos actualmente en este país a raíz de las diferencias en política tiene que acabar”. En el mismo tono, la demócrata Nancy Pelosi, la líder de la minoría de la Cámara de Representantes, declaró: “Es una herida en la familia”, y poco después añadió: “Usaremos esta circunstancia para unirnos más, no para separarnos más”.

Sin embargo, a menos que el gobierno de Estados Unidos actúe en consenso con la gran mayoría de los miembros del Congreso –de ambos lados del mapa político– el shock inicial desaparecerá y el ambiente se volverá a llenar de odio. El próximo incidente sin duda será peor.

Desde principios de los años sesenta, América ha fomentado una cultura del progresismo. El progresismo liberal es una gran idea siempre y cuando los que la defienden reconozcan que somos, no obstante, seres egoístas. Si olvidamos esto, entonces, en vez de centrarnos en la justicia social y la libertad para todos, nos centramos en nosotros mismos y a todos los que no están de acuerdo con nosotros los tomamos por ignorantes, intolerantes y, en última instancia, una plaga que deben ser exterminada.

En otras palabras, el egocentrismo en la política conduce al nazismo. Y no hay forma de escapar de ello a no ser que cambiemos la inclinación natural del hombre.

La América de hoy está a un paso del nazismo. Por lo tanto, es preciso llevar a cabo una transformación por medio de la educación y, para que sea exitosa, aplicarla a toda la nación.

Para entender cómo el egocentrismo conduce a la intolerancia, la cual deforma la mente de las personas para que cometan los actos más atroces, echemos un vistazo a los mensajes que el atacante dejó en Facebook. Según la CNN, escribió: “Trump es un traidor. Trump ha destruido nuestra democracia. Es hora de destruir a Trump y compañía”. En febrero, poco antes de que apareciera el video lleno de odio de Lynch, escribió lo siguiente: “Los republicanos son los talibanes de Estados Unidos”.

Evidentemente, este hombre, que durante la última campaña fue activista del autoproclamado progresista Bernie Sanders, no se dio cuenta de que se había convertido en aquello que él veía en Trump: un terrorista fascista, un nazi. Peor aún, creía en su superioridad moral simplemente porque estaba haciendo campaña por alguien que afirma ser un socialista, un liberal, un hombre con una visión “progresista”.

Es terrible cuando las personas se convierten en asesinos. Pero cuando empiezan a creer que tienen más razón que los demás, y se convierten en asesinos porque se sienten con superioridad moral para justificar sus asesinatos, estamos ante la fórmula para que haya un baño de sangre por toda la nación.

 

Los méritos de la diversidad

En los últimos meses, he escrito en varias ocasiones sobre la necesidad de un programa que vaya de costa a costa y que ayude a las personas a conectar y a consolidar sus comunidades. Escribí acerca de esto especialmente en el contexto de la creciente urgencia de hallar solución al masivo desempleo de larga duración.

No obstante, el desempleo es un proceso en evolución y hay tiempo suficiente para prepararse para ello. No sucede lo mismo con la acelerada polarización en la sociedad, con la demonización de las personas y los partidos por sus opiniones políticas y con la legitimación del uso de armas de fuego para lograr objetivos políticos.

Si el Congreso y la administración Trump quieren aprovechar la ocasión, deben hablar con una sola voz sobre los méritos de la diversidad. Los representantes públicos deben incorporar todos los puntos de vista con una sola condición: la demonización de la opinión de otra persona es algo estrictamente prohibido. En otras palabras, podemos tener puntos de vista diferentes, incluso opuestos, pero todos debemos reconocer que la sociedad es un todo compuesto por la suma de sus partes, y la diversidad es lo que la mantiene fuerte y saludable.

Piense en la sociedad como un organismo donde cada persona es una célula y cada partido, un órgano. Imagine que el Partido Demócrata es el cerebro y el Partido Republicano es el corazón, o al revés (eso no afecta al argumento). ¿Podría el organismo sobrevivir sin uno de ellos?

Del mismo modo, el verdadero pluralismo significa no solo permitir que nuestros desacuerdos se mantengan, sino además apreciarlos, ya que en conjunto nos permiten crear un todo compuesto por todos nuestros puntos de vista. Estas diferentes perspectivas son vitales para la fortaleza y la salud de la sociedad. Cuando predomina una única posición, todo acaba en nazismo.

A principios de la década de 1950, el Rav Yehuda Ashlag, autor del comentario más extenso y profundo sobre El libro del Zóhar hasta la fecha, compuso un escrito muy especial. Le dio por título Los escritos de la última generación. En esta composición, analizó lo que llevó al surgimiento de la Alemania nazi y lo que preveía para el futuro de la humanidad. En la sección “El nazismo no es un producto de Alemania”, escribió: “El mundo erróneamente considera el nazismo como un producto particular de Alemania. Lo cierto es que es el producto de la democracia y el socialismo, que fueron desprovistos de civismo y justicia [en referencia al indómito egoísmo]. Por lo tanto, todas las naciones son iguales en eso: no hay esperanza de que el nazismo desaparezca con la victoria de los aliados porque, el día de mañana, serán los anglosajones quienes adopten el nazismo”.

En El libro del Zóhar, nuestros sabios ofrecieron el remedio justo, que ha sido fuente de la fortaleza y la solidaridad judía a lo largo de los siglos: cuando estalla el odio, no hay que luchar contra él, sino avivar el amor hasta llegar a amar a tu prójimo como a ti mismo. En la sección Ajarey Mot, El Zóhar escribe: “He aquí, cuán bueno y agradable es que los hermanos se sienten juntos. Estos son los amigos, que se sientan juntos, y no están separados unos de otros. Al principio, parecen personas enfrentadas, deseando matarse unos a otros. Luego, vuelven a estar en amor fraternal. Desde ese momento, tampoco vosotros os separaréis (…) Y por vuestro mérito habrá paz en el mundo”.

Por lo tanto, para hacer frente a la actual crisis en Estados Unidos, propongo que la incitación sea vetada de inmediato, y que ambas partes apoyen esta medida. Propongo también que se lleven a cabo talleres organizados por todo el país dirigidos por instructores en línea en comunicación interactiva con los moderadores en las diferentes localidades. En los talleres, los participantes deliberarán acerca de los problemas más acuciantes ahora en América, y lo harán siguiendo tres instrucciones simples, que si se siguen, generarán conexión entre los participantes en lugar de la actual atmósfera de división y la hostilidad. Esas instrucciones son: 1) Los participantes aportan sus puntos de vista, pero no ignoran ni invalidan otros puntos de vista (incluso si están en desacuerdo); 2) cada persona habla por turno; y 3) el tiempo de intervención está limitado a un minuto.

Estos talleres no son talleres ordinarios. No suprimen el ego ni debilitan nuestra individualidad. Al contrario, alimentan ambas cosas con el fin de crear un todo más completo, más fuerte y versátil formado con las aportaciones de todos los participantes en el taller. Así, todos los participantes sienten que son escuchados, respetados y aceptados.

El ego no debe ser apaciguado, sino utilizado en beneficio de la sociedad, no en contra. El ego de cada uno de nosotros debe ser instruido para trabajar en pro de la unidad. Debemos aprender a utilizar nuestra individualidad de una manera prosocial, en lugar de antisocial. Solamente cuando hagamos de la unidad social nuestro principal valor, habrá paz en nuestra sociedad.

En el actual ambiente político, este cambio es más que necesario: es la única forma de evitar un colapso total.

 

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