Uniting Europe

No me sorprende que la mayoría de los estadounidenses dijera en una reciente encuesta del Washington Post que las divisiones en los EE.UU. son al menos tan pronunciadas como durante la Guerra de Vietnam y que la política estadounidense está alcanzando unos mínimos alarmantes.

El clima sociopolítico en Norteamérica se parece cada vez más a un patio de prisión, en donde tienes que elegir a tu pandilla para poder tener una sensación de apoyo: o estás a la izquierda o a la derecha. El país se debate entre los demócratas progresistas y los republicanos conservadores; y el pluralismo, la igualdad y la independencia que solían caracterizar el espíritu estadounidense han sido arrojados por la borda. En lugar de un intercambio saludable de ideas hay intimidación y se está suprimiendo la libertad de expresión. Y puede usted echarse a temblar si airea ciertas simpatías políticas o religiosas: se verá expuesto a la violencia verbal o física.

Por otro lado, lo que convierte a esta atmósfera de división en algo tan peligroso es que, cuando no hay unidad en el grueso de la sociedad, brota en los márgenes de la misma en forma de nazismo y fascismo.

Dejar que las cosas sigan su curso como hasta ahora hará que lleguemos a una sociedad estadounidense aún más dividida, conflictiva y beligerante. Por lo tanto, la unidad de todo el pueblo estadounidense es imprescindible para que la sociedad norteamericana se mantenga intacta.

Una vez dicho eso, tengo una gran esperanza en la unidad del pueblo estadounidense. Son precisos grandes cambios en la infraestructura socioeconómica del país, sobre todo en educación y en los medios de comunicación, pero creo que el espíritu pionero de Estados Unidos puede generar un cambio positivo y original en estos tiempos difíciles.

En lo referente a la educación, como propuse en una de mis columnas anteriores, implantar un ingreso básico por participar en programas educativos que fomenten la conexión paliaría el problema de la división social, y produciría mejoras tanto en la economía como en la salud y el bienestar social.

En lo referente a los medios de comunicación: en lugar de ese constante bombardeo de mensajes divisorios, los medios deberían tratar de impulsar ideas y ejemplos de esa unidad que Estados Unidos necesita. Debería abordarse de frente el principal problema estadounidense: el país está dividido, lo cual afecta negativamente a sus ciudadanos y debilita el país; el camino hacia una América más fuerte es trabajar para lograr la unidad nacional.

Mediante esta combinación de un discurso mediático más unificador y una agenda educativa que fomente la conexión, las personas aprenderían a aceptarse, comprenderse y confraternizar con todos. Podrían recibir la influencia de una nuevo clima de comprensión mutua, apoyo, conciencia y sensibilidad. Como resultado, se reduciría la violencia, los delitos, el abuso de sustancias y aumentaría el bienestar en la sociedad.

América todavía está a tiempo. Al hacer hincapié en la unidad de toda la sociedad estadounidense, el espíritu americano volvería a renacer. Sin embargo, el sueño americano en nuestros tiempos necesita revisar su fuente de motivación con una nueva visión: personas de diferentes culturas que se unen para encontrar la felicidad a través de la cohesión social. Si el pueblo estadounidense no pone en práctica de forma positiva esa unidad que tanto necesita, entonces, las versiones negativas de la unidad -el nazismo y el fascismo- avanzarán y la cercarán cada vez más a la sociedad desde ambos lados.

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