Uniting Europe

 

 

 

La visión distópica de un ataque masivo con armas de inteligencia artificial que aniquilan a la humanidad, puede ayudarnos a afinar el análisis de lo que necesita el mundo verdaderamente -la unidad- y nos muestra lo que puede ocurrir si no igualamos el progreso tecnológico con el progreso en la unificación social. El pueblo judío juega un papel esencial en este desafío.

La infinidad de formas en las que la humanidad ha imaginado un futuro distópico ha dado para muchos libros y películas. Sin embargo, el reciente cortometraje, Slaugherbots, es especial debido a que su visión es sustentada por Stuart Russell, profesor de la Universidad de Berkeley, en el que expresa su preocupación por las miles de investigaciones sobre inteligencia artificial: con algunos ajustes en nuestra tecnología actual, los enjambres de mortíferos pequeños drones inteligentes pueden hacerse realidad.

Por desgracia, creo que las armas inteligentes van a desarrollarse de la forma que vemos en este cortometraje, o incluso peor.

Sin embargo, veo un lado positivo en este desarrollo, y no porque me guste vislumbrar un futuro escenario de robots asesinos, sino más bien porque un potencial tan destructivo al alcance de nuestras manos, nos ayudará a refinar nuestra comprensión de lo que la humanidad realmente necesita: equiparar el progreso de la conciencia humana con el progreso tecnológico.

 

¿Qué tecnología es más sofisticada que la inteligencia artificial? ¿Qué energía es más potente que la energía nuclear?

Si hiciéramos progresar nuestra conciencia humana al menos en la misma medida que hacemos progresar nuestras tecnologías, no tendríamos que temer la creación de “Terminators” inteligentes capaces de aniquilarnos. Al contrario, avanzaríamos en la investigación y descubriríamos una tecnología más sofisticada que la inteligencia artificial, y una energía más poderosa que la energía nuclear:

* Esa energía es la fuente energética principal de la naturaleza, una fuerza que conecta y une todas las partes de la realidad;

* Y esa tecnología es un método que permite extraer y usar la principal fuente de energía en la naturaleza a través de nuestro potencial inherente para la conexión humana.

A diferencia de otras fuentes de energía que hemos descubierto a lo largo de la historia, esta solo puede ser descubierta y utilizada si se hace con “buenas intenciones”. En otras palabras, solo se vuelve accesible si intentamos aplicar su propiedad conectiva a nuestras actitudes y relaciones. Y el modo de aplicar esa propiedad conectiva, a través de muy diversos estados, es un antiguo método que se convirtió en el fundamento del pueblo judío.

 

Cómo los judíos superaron la amenaza “tecnológica” de la destrucción

No es por casualidad que tanta gente de origen judío esté hoy en día a la cabeza en el desarrollo de la alta tecnología, a pesar de que solo constituyen alrededor del 0,2% de la población mundial. Dentro de la población judía están latentes los genes informativos que se remontan a sus ancestros en tiempos de Abraham, cuando extrajeron la principal energía de la naturaleza: se conectaron por encima de sus egos en conflicto salvándose así de una posible destrucción.

El excesivo énfasis en el progreso tecnológico por encima de la unificación social es también lo que sucedió en tiempos de Abraham, cuando los babilonios quisieron construir una torre que llegara al cielo.

“[Los constructores de la torre solían] subir los ladrillos [para construir la torre] desde el este, y luego descendían por el oeste. Si un hombre caía y moría, no le daban ninguna importancia. Pero si caía un ladrillo, solían sentarse y lamentarse: ‘¡Ay de nosotros! ¿Cuándo llegará otro en su lugar?’ Abraham, hijo de Terah, pasó y vio cómo construían la ciudad. Él los maldijo y declaró: ‘Que el Señor se trague su lengua'”.

– Rabí Eliezer, Pirkey de Rabbi Eliezer (Capítulos de Rabí Eliezer)

Es más, al igual que nos ocurre hoy en día con el desarrollo de las armas inteligentes, los babilonios también se enfrentaron a una auténtica amenaza de destrucción masiva.

“[Los babilonios] querían hablar entre ellos pero no conocían la lengua del otro. ¿Qué hicieron? Cada uno tomó su espada y lucharon entre sí hasta la muerte. De hecho, allí fue masacrado medio mundo, y desde ahí se dispersaron por todo el mundo”.

– Rabí Eliezer, Pirkey de Rabí Eliezer (Capítulos de Rabí Eliezer)

Abraham vio que, a medida que los babilonios se iban obsesionando con “la Torre”, se alejaban de lo que era realmente importante en la vida: unas buenas conexiones humanas. Además, Abraham descubrió la causa de esta obsesión: el desproporcionado ego humano. También descubrió el propósito de este proceso: incitar la introspección y la decisión de que si no revisaban sus valores y priorizaban la unidad por encima de todo lo demás, entonces, la amenaza de destrucción llegaría a convertirse en una triste realidad.

Fue entonces cuando Abraham desarrolló un método para unirse por encima del creciente ego, un método que posteriormente sería conocido como la sabiduría de la Cabalá. Formó grupos que ponían en práctica el método, y estos empezaron a ser conocidos como “los judíos” (la palabra hebrea para “judío” [Yehudí] proviene de la palabra para “unido” [Yihudi] [Yaarot Devash, Parte 2, Drush 2] ]). En otras palabras, el pueblo judío eran babilonios, gente de todos los ámbitos de la vida y a la cabeza de su tiempo: gente que tenía la sensación interna de que algo no iba bien en el desarrollo de su sociedad. Y yendo en contra de la situación imperante en aquel entonces, trabajaron en su unidad. Gracias a ello, descubrieron la fuente de energía más potente y poderosa de la naturaleza, una fuerza de conexión ilimitada que une todas las partes de la realidad, una fuerza que los unió por encima de sus egos en conflicto y los salvó de la destrucción.

 

Los judíos ya hicieron esto antes, así que se espera vuelvan a hacerlo. Hasta que no lo hagan… habrá antisemitismo

El interés en nuestros días por el progreso tecnológico puede compararse con la creencia babilonia de que construir una torre hasta los cielos les brindaría un contacto divino. No obstante, si el ego humano continúa sin ser tratado en este proceso, entonces, esta construcción está destinada a causar destrucción.

Ya lo experimentamos en la época de Abraham. Hemos visto un atroz ejemplo de ello en nuestros tiempos con la bomba atómica. Y ahora, gracias a las advertencias de los investigadores en inteligencia artificial, podemos prever la amenaza que suponen las armas inteligentes.

El ingenio de algunos de los babilonios que Abraham logró reconducir hacia esa unificación social que acabaría salvándolos, aún se encuentra en el pueblo judío de hoy. El pueblo judío, cuanto más invierta su ingenio y su capacidad conectiva en el progreso tecnológico en vez invertirlos en el desarrollo de la conexión humana, más problemas y amenazas acumulará.

Al final, una sensación inconsciente se irá instalando entre la gente de todo el mundo: la sensación de que los judíos son la causa de sus problemas y, en consecuencia, los delitos y amenazas antisemitas seguirán en aumento.

El pueblo judío tiene acceso al método para la conexión humana que puede abrir la fuente de energía conectiva de la naturaleza y ser utilizada para lograr la unidad por encima de las divisiones sociales. Existe, por lo tanto, una expectativa tácita sobre los judíos para que den prioridad a la conexión humana por encima de todo lo demás. Por eso, a pesar de las grandes innovaciones tecnológicas, científicas, médicas y culturales que el pueblo judío aporta al mundo, es como si el mundo ignorase esos logros y, en cambio, estuviera esperando que los judíos traigan al mundo aquello que nos hizo judíos en primer lugar: la unidad.

Abraham invitó a los babilonios a conectarse por encima de sus egos para salvarlos de la destrucción y garantizar el uso positivo de las construcciones que harían en el futuro, y eso mismo sucede también hoy: el método de la Cabalá está a nuestra disposición para que podamos conectar por encima de nuestro desbordante egoísmo; nos ofrece salvarnos de las potenciales amenazas de destrucción que se están volviendo una realidad muy cercana.

Por lo tanto, espero que tengamos en cuenta las advertencias de los investigadores de la inteligencia artificial, comencemos a dar importancia a la unificación social como la primera y más importante responsabilidad para nosotros mismos y para el mundo, y utilicemos el método al alcance de nuestra mano para asegurarnos de que cualquier futuro desarrollo tecnológico emerja solamente para fortalecer nuestros lazos sociales. Invito cordialmente a toda persona que tenga curiosidad acerca de este método a que lo explore con más profundidad en un curso de introducción.

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