Uniting Europe

Hace poco se conmemoraron 25 años de la firma del tratado de Oslo, firmado entre Israel y la organización de liberación palestina (OLP). El tratado de Oslo finalizó con una dolorosa decepción para todas las partes. Ríos de sangre y lágrimas se han vertidos desde entonces hasta hoy en un círculo incesante de violencia. De todos modos, hace hace unos días, frente al verde mármol de la sala de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente Trump dio un discurso y dijo: “también después de trasladar la embajada a Jerusalén, los Estados Unidos se sienten comprometidos de alcanzar una futura paz entre israelíes y palestinos”.

Después de Trump, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, dijo que “el pisoteo de los derechos legítimos” de los palestinos y la promoción de iniciativas unilaterales no resolverán el conflicto israelí-palestino. El líder del partido laborista británico, Jeremy Corbyn, declaró desde su país que “en el momento que asumamos el gobierno, reconoceremos un estado independiente para el pueblo palestino”. También el presidente de Irán, Hasan Ruhani, aprovechó la tarima de la ONU para culpar a Israel de delitos contra los palestinos y de Apartheid, argumentando que “Israel y las armas nucleares que tiene en su poder son el peligro más grande que existe en el Medio Oriente”.

“25 años después del tratado de Oslo y la paz se ve más lejos que nunca”, dice la Dra. Lea Mandler, del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad de Haifa, quien participó hace poco en un congreso internacional que marcó un cuarto de siglo del tratado de Oslo. “En aquellos días, aun habiendo tantos oponentes a este proceso, había una sensación de gran esperanza de llegar a la paz y una aspiración de comunicación. Pero hoy existe un gran escepticismo respecto a la capacidad de las partes de encontrar una solución al conflicto. Hay quienes ven la desconexión unilateral como la única solución del actual callejón sin salida, y por el contrario, están quienes argumentan que ni siquiera tal paso producirá paz en la región ni la seguridad del Estado de Israel”.

¿Será que la presión internacional aplicada a Israel y el plan que el presidente Trump planea presentar pronto, resultarán en la paz para nuestra zona? Seguramente no. Paz, según lo definirían los investigadores de relaciones internacionales, es la falta de conflicto, el cese entre guerras. La historia humana es una continua lista de conflictos y guerras, pero sería un error definir el tenso estado entre una guerra y otra con el nombre de “paz”.

La palabra “Shalom” (paz), proviene del hebreo Shlemut (perfección), complementariedad entre las personas, sinergia y cooperación. Cuando hay una paz verdadera, cada persona se siente conectada a la naturaleza armónica, al sistema de conexión integral, a la humanidad global. Cuando hay paz, todos dependemos unos de otros. Cuando hay paz hay seguridad. Cuando hay paz, nadie puede ni trata de obrar en perjuicio del prójimo; no en pensamientos, no en deseos y no en actos.

Según la sabiduría de la Cabalá, no hay ni habrá nunca una paz sostenible entre las personas y entre los países. Seguramente no en las condiciones existentes. La razón es simple: las personas, sin excepción alguna, son egoístas por naturaleza. Cada uno aspira reinar sobre el mundo en la medida de su alcance. Esa ha sido la manera desde los albores de la humanidad y así será hasta la última generación, a no ser que corrijamos la naturaleza humana. Por lo tanto, será un error pensar que tal o cual acuerdo que firmemos con nuestros vecinos traerá paz y prosperidad entre los pueblos. De todos modos, el mundo quiere anular el estado de Israel. Hubo quien lo entendió ya hace 25 años en Oslo, y muchos lo están entendiendo hoy. La tendencia no ha cambiado, sólo resalta más y se aclara más día a día.

¿Qué puede hacer el estado de Israel para sobrevivir y prosperar en un ambiente internacional hostil y con la falta de esperanza de solucionar el conflicto regional? Dos cosas: alertar y unirse.

El Medio Oriente está complicándose en cuanto a seguridad. Rusia, Estados Unidos, Irán, e incluso China, son países poderosos que están pidiendo un hincapié y una creciente influencia en la zona. Israel, que camina como sobre huevos, debe mantener la capacidad de alerta y cuidar sus propiedades estratégicas, demostrando su fuerza. La verdadera fuerza de la nación de Israel, desde su fundación hasta hoy, está en la unión. Por eso, en vez de dedicarnos a exteriorizar lindas palabras, nos conviene ser honestos con nosotros mismos y comprender que una nación que no está completa dentro de sí misma, no puede llegar a la paz, ni siquiera a un acuerdo de tranquilidad temporal.

Muchos de los personajes públicos argumentan que la amenaza real de la seguridad del estado de Israel hoy, no es externa sino interior. El periodista Rino Zror advierte en su film “Judíos, tercera vez”, que si no nos recomponemos y superamos las querellas internas, perderemos nuestra independencia por tercera vez. Ya vivimos en paz en el pasado, en la época de Abraham, en la antigua Babilonia hace 3,800 años y en el periodo de los dos templos que fueron fundados con base al amor fraternal. Pero cada vez que caímos dentro del odio infundado, se levantaron los enemigos a destruirnos. Cada vez que perdimos la estabilidad de la paz por causa de los conflictos y el separatismo interno, se despertó en las naciones del mundo una actitud negativa en contra de nosotros, una actitud que les activó para señalarnos culpables. Así actúa el sistema de la naturaleza integral y así actúa hoy el mundo hacia nosotros.

Los ojos del mundo entero están fijos hacia nosotros, pues incluso los embajadores de los países europeos no dudan en decir que el mundo espera que Israel sea más que sus vecinos. El presidente Trump nombró en su discurso en la ONU al Estado de Israel, que en su complicada y dura realidad tomó su destino en sus propias manos y convirtió la desolación de la región en una próspera potencia. Israel puede y debe servir de ejemplo al mundo no solamente en temas de ciencia y alta tecnología, sino como fuente de unión y paz para el mundo entero.

En nuestras manos se encuentra la sabiduría de la Cabalá, un sistema único para alcanzar la unidad y la paz sostenible entre las personas. Nosotros, el pueblo de Israel, representantes de las setenta naciones del mundo, hacemos temblar el globo para bien o para mal. Si pactamos entre nosotros, si nos comprometemos a asistir uno al otro y preocuparnos por crear una atmósfera constante de unidad, una atmósfera electrizante que engendre paz y seguridad, entonces cesarán por sí mismos todos los conflictos y la actitud hostil antisemita hacia nosotros. Con la ayuda de la unidad entre nosotros podremos despertar la fuerza de la garantía mutua entre todos, reconciliar todas las oposiciones, las brechas y los conflictos, y sólo entonces podremos firmar un tratado de paz. Primero, dentro de la nación israelí, y luego, con el mundo entero.

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