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“Era obvio que Hitler perdería la guerra, porque estaba actuando contra los judíos”, me dijo una mujer anciana en un pueblo de Siberia. “Dios ama a los judíos”, agregó. Yo tenía 26 años cuando escuché ésto y no entendí qué hizo pensar así a una mujer de una región remota, que no tenía conexión con el pueblo judío. Me pregunté qué hizo a esa mujer hablar de esa forma.

Y nunca sabes de dónde llegará la siguiente declaración. Esta semana, el primer ministro de Malasia, reiteró que “a pesar de que los judíos fueron exterminados por los nazis, sobrevivieron para ser fuente de grandes problemas para el mundo”. Como en previas entrevistas, él no olvidó mencionar que los judíos son narizones.

Puede venir de cualquier lugar, desde Siberia hasta Malasia; puede saltar en cualquier momento y surgir de cualquier persona; puede ser una opinión positiva o negativa. La gente tiene una actitud inusual, inexplicable e irracional hacia este grupo llamado “judíos”, ya sea de aprecio o de odio.

¿Cuál es el origen de esta actitud excepcional que tiene el mundo hacia los judíos?, ¿cómo surge a través de los continentes, culturas y clases? Es inherente al desarrollo humano.

El hombre es motivado por la constante evolución de su deseo. Su actitud hacia el mundo y hacia todos los que le rodean, es resultado de los deseos que evolucionan dentro de él. Cuando los deseos humanos evolucionan más allá de la comida, sexo y familia, una nueva capa de deseos sociales se empieza a desarrollar –deseos de dinero, honor, poder y conocimiento. En este punto del desarrollo humano, el individuo comienza a sentir que está en una competencia mutua con los demás, en una carrera continua.

Como criatura social, el hombre desarrolla nuevas percepciones respecto a los demás individuos. Constantemente explora y evalúa con quiénes le irá mejor, de quiénes cuidarse, con quiénes debe hacer contacto, etc. Como parte de este desarrollo, la gente empieza a sentir una relación inexplicable hacia el grupo llamado “judíos”. No necesariamente saben cómo explicarlo.

Primero, una nueva sensación comienza a molestar a la persona internamente. Más tarde, escucha o lee de alguna fuente externa sobre el pueblo judío y luego hay un “click”. Algunas personas pueden señalar a los judíos como los que controlan toda la riqueza en el mundo, otros piensan que están conspirando un plan malvado, algunos los ven como genios y hay quienes piensan que guardan los secretos del universo. De una forma u otra, la persona establece cierta sensación de dependencia hacia el pueblo judío, una sensación que realmente no forma parte de nuestro sentido común.

¿Por qué los judíos?

Los judíos son un pueblo antiguo, de hace algunos 4,000 años. Son una colección de individuos que vivieron en distintas tribus y clanes en la antigua Mesopotamia y se unieron por encima de sus diferencias, creando una conexión universal entre ellos. Esto no fue sólo un acontecimiento histórico, fue un hecho en la evolución de la humanidad.

Al poco tiempo de que los judíos vivieron como una sociedad unificada, se dispersaron hacia los extremos del mundo y se mezclaron con las naciones del mundo. A partir de esto, la humanidad empezó a desarrollar una actitud excepcional hacia los judíos.

La conexión particular que los judíos hicieron, como representantes de toda la humanidad, se basó en las leyes del sistema integral de la naturaleza. Construyeron una conexión sinérgica entre ellos, parecida a la forma en que trillones de células distintas construyen un organismo viviente.

De hecho, la naturaleza del desarrollo humano, gradualmente lleva a todas las personas del mundo hacia esta clase de conexión universal. Los judíos, sin embargo, ya llevan este “gen de unidad” y deben liderar el camino al reconectarse entre ellos, después de todo lo que absorbieron de la humanidad en los dos mil años de exilio. Ésta es la razón subyacente de la sensación única de dependencia del pueblo judío.

Ya sea a través de la voz de empatía de una mujer anciana de Siberia, o de la expresión de desprecio de un primer ministro en Malasia, la humanidad expresa la necesidad de evolucionar a su siguiente nivel. De manera consciente o no, la humanidad pide al pueblo judío reavivar su capacidad de conectar como células dentro del cuerpo de la humanidad.

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