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Reconstruir las relaciones entre judíos y afroamericanos a través de la conexión judía.

Temprano por la tarde, caminando en un área muy concurrida de Brooklyn, Nueva York, un hombre judío que usaba kippá fue golpeado en la cara y pateado sin motivo por un joven afroamericano, según imágenes captadas por una cámara de seguridad. Lamentablemente, no se trata de un incidente aislado, sino de uno de los últimos ataques -de una creciente espiral-, perpetrados en Estados Unidos por antisemitas afroamericanos. En este artículo, investigamos la base del odio extendido y su solución.

Recientemente fue arrestado un hombre afroamericano de 26 años, sospechoso de ser responsable de siete incendios causados afuera de instalaciones judías en Nueva York y de escribir graffitis antisemitas en una sinagoga de Brooklyn, con las leyendas “Muerte a todos los judíos” y “Mueran ratas judías nosotros estamos aquí”.

Días antes, otro afroamericano fue acusado de un crimen de odio después de propinar una paliza -en otro ataque sin motivos-, a un hombre judío en un barrio de Nueva York.

Pocos días después de que varias sinagogas y centros comunitarios fueran atacados en el área, el Departamento de Policía de Nueva York arrestó a un grupo de adolescentes afroamericanos que habían cometido una serie de ataques antisemitas en Brooklyn, entre ellos, el haber tirado al suelo a una niña jasídica de 10 años, golpear el sombrero de un joven jasídico de 14 años y lanzar por la ventana un tubo de metal a una sinagoga durante los rezos del Shabat en el barrio de Williamsburg.

El antisemitismo afroamericano ha surgido también en forma de trillados discursos de odio hacia los judíos e Israel. A principio de este año, el alcalde de una ciudad afroamericana en Washington, DC acusó a los Rothschild de ser responsables del cambio climático. Mientras tanto, la organización Black Lives Matter (BLM) apoyó el movimiento de boicot a Israel BDS por ser un “estado de segregación racial” que incurre en un “genocidio”.

Sin embargo, el agresivo e incitador líder antisemita de la Nación del Islam, Louis Farrakahn -que ni siquiera hace un esfuerzo por disimular su odio- eclipsa todas las demás expresiones de antisemitismo de los afroamericanos hacia los judíos. Comparó recientemente a los judíos con termitas, predicó desde su tribuna que los judíos contemporáneos “realmente no son judíos, sino un hecho de Satán” y constantemente incrimina a los judíos como conspiradores del mal.

¿Por qué han aumentado las tensiones entre judíos y afroamericanos?

Los judíos y los afroamericanos, como minorías en los Estados Unidos, tienen una larga historia de cooperación fructífera que se remonta al movimiento de los derechos civiles, cuando trabajaban de la mano para promover el ideal de una sociedad más pluralista. El campeón de los derechos humanos estadounidenses, Dr. Martin Luther King Jr., también tenía un vínculo especial con los judíos e Israel, como lo expresó a fines de la década de 1960: “La paz para Israel significa seguridad y debemos apoyarnos con todas nuestras fuerzas para proteger su derecho a existir, su integridad territorial y su derecho a utilizar cualquier vía marítima que requiera”.

¿Qué ha agriado entonces las relaciones entre las comunidades afroamericanas y judías? Desde el momento en que los judíos comenzaron a determinar su estado en la sociedad estadounidense, mediante un arduo trabajo y el aprovechamiento de las oportunidades que se presentaron, las relaciones entre judíos y afroamericanos empezaron a cambiar. Los afroamericanos se sintieron en desventaja y cada vez más frustrados.

Dentro de muchos círculos estadounidenses existe un antisemitismo insidioso y se ve a los judíos como opresores de los no privilegiados -entre ellos, los afroamericanos-, y se les acusa de ser ricos a expensas de los que están en desventaja. Dichas afirmaciones han echado más leña al fuego de frustración y resentimiento de la comunidad afroamericana, promoviendo sentimientos antisemitas.

No obstante, debemos ser cuidadosos y no generalizar sobre las tensiones entre las comunidades judías y afroamericanas. También es cierto que se ha establecido una alianza entre ambos grupos para combatir el racismo y el antisemitismo de manera conjunta, a la luz del resurgimiento del despiadado movimiento de supremacía blanca en los Estados Unidos. El verdadero problema es que nada parece calmar al ogro del antisemitismo. Lo cierto es que para erradicar el odio debemos ir a la raíz.

El gran cabalista de esta generación, Rav Yehuda Ashlag, entendió exactamente la razón de que persista el obstinado antisemitismo y lo explicó 60 años atrás: “Es un hecho que Israel es odiado por todas las naciones, ya sea por motivos religiosos, raciales, políticos, económicos o culturales. Se debe a que el odio precede todas las razones, pero cada individuo resuelve su propia aversión según su propia psicología”, (“Los escritos de la última generación”)

La sabiduría de la Cabalá estudia las fuerzas fundamentales de la naturaleza y explica que existe una ley de peso dentro de la naturaleza que no puede cambiarse. Uno sólo puede estudiar esta ley absoluta y aprender cómo actuar ante ella, pero jamás pretender violarla sin extremas consecuencias. ¿Cuál es esta ley suprema de la naturaleza?

Los cabalistas explican que toda la humanidad está contenida dentro de un sistema armónico de interrelaciones en las que operan dos fuerzas opuestas: positiva y negativa. La fuerza negativa es el mismo egoísmo repulsivo que separa y divide a las personas, la misma necesidad que causa el racismo y el odio hacia el otro. Contraria a esta fuerza negativa dentro de cada uno de nosotros yace la fuerza positiva que abraza, conecta y unifica las distintas partes del sistema.

Ser conducto de armonía en el mundo

Tras recibir en el Monte Sinaí la ley de la interacción humana dentro de este sistema es como si los judíos tuvieran el conducto para la comunicación interna, como un tipo de microprocesador que llama a toda la humanidad. En sus manos está el método de la conexión, la sabiduría de la Cabalá. Cuando los judíos se unen, la misma fuerza positiva irradia hacia todo el mundo. Pero cuando el pueblo judío permite ser manejado por la fuerza egoísta dentro de la naturaleza, el odio antisemita -aparentemente irracional- crece en todas las partes del sistema, en todos los países, formas y colores de piel.

Como el cuerpo humano que jadea involuntariamente para respirar, el mundo inconscientemente presiona a los judíos para que den la solución a los problemas de la humanidad. Trágicamente para todos, en lugar de darles aire de vida, los judíos les obstruyen el flujo de la bondad al mundo, debido a su inflado orgullo, choques internos y egoísmo, en perjuicio de la salud del cuerpo de la humanidad.

El antisemitismo afroamericano en los Estados Unidos es un desagradable síntoma de una enfermedad mucho más invasiva. Por lo tanto, antes de que la enfermedad pase a su estado agudo, donde surjan por doquier los casos de antisemitismo y antisionismo, con toda su fuerza empujando a los judíos para que se unan, es imperativo que los judíos cumplan con su deber hacia la humanidad y abran el conducto para el llenado de todos.

Con este acto, los judíos acercarán a todas las personas, independientemente de su origen. No habrá división judeo-afroamericana. En ese momento desaparecerá el antisemitismo en el mundo y nuestro sueño compartido se volverá una realidad tangible. Tal como lo escribió Rabí Eliyahu Ki Tov: “Se nos ordena en cada generación fortalecer la unidad entre nosotros, para que no nos gobiernen nuestros enemigos”. (“El libro de la conciencia”).

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