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Jánuca no es una semana más en el calendario judío. Podemos utilizarla como una pausa dedicada a la iluminación personal, una semana reservada para transformar la vida. La festividad de Jánuca significa la victoria de la luz sobre la oscuridad, de la unidad sobre la división. De hecho, una victoria así requiere nada menos que un milagro, pero eso es algo que está a nuestro alcance. Solo necesitamos saber cómo encender la vela para hacerlo realidad.

Gracias a nuestra conexión, podemos encender un fósforo que haga frente a la oscuridad y prender la luz en nuestras vidas. Este es el brillo de Jánuca, la fiesta de la luz. Al igual que con un fósforo, una pequeña fricción se transforma en una llama reluciente.

Entre todas las festividades, Jánuca y Púrim son consideradas especiales por muchas razones. En primer lugar, la Torá no hace mención de ellas. Segundo, una vez que completemos todas las correcciones de la humanidad, se dice que todos los días festivos serán cancelados excepto estos dos. De acuerdo con la sabiduría de la Cabalá, Jánuca y Púrim son de suma importancia ya que ambas están directamente conectadas con la reconstrucción del Templo, que representa el lugar donde se unen el Creador y la creación. La destrucción del Templo simboliza la ruptura de este vínculo entre nosotros. Reconstruir ese vínculo significa alcanzar toda la abundancia y la benignidad de nuestra existencia. Esto es lo que buscan los cabalistas.

Al igual que un hombre sediento que trata de sacar agua con un recipiente que gotea y debe primero arreglar el recipiente antes de poder llenarlo y beber, aquel que se siente separado de la espiritualidad debe primero reparar el vínculo con el Creador antes de poder recibir la iluminación que se le ofrece.

Para poder vivir una vida plena, es preciso ascender a través de un ciclo de desarrollo espiritual denominado “un año”. En cada ciclo ascendente, nos enfrentamos a los mismos deseos que tuvimos previamente pero cada vez en grados más altos. Durante este proceso, encontramos hitos de cambios internos que van repitiéndose, discernimientos y situaciones destinadas a elevarnos al siguiente grado espiritual, la corrección del alma. Los cabalistas llaman a estos grados “días festivos” y “Shabat”.

Los cabalistas establecieron que, en nuestro mundo, los días festivos y el día de Shabat nos proporcionan un marco de comportamiento de acuerdo con nuestro trabajo en el mundo espiritual interior. Esa es la razón por la que celebramos los días festivos cada año y cada semana el día de Shabat.

Parada en un camino iluminado

La palabra Janucá, del hebreo “Janu-Ko” o “para aquí”, representa la primera etapa del desarrollo espiritual: un proceso para corregir el deseo de disfrutar para uno mismo transformándolo en un deseo de otorgar a los demás, un estado que nos liberará de la oscuridad. La oscuridad se manifiesta como separación, conflictos, discusiones, competitividad despiadada y el deseo de explotar y dominar a los demás. Nuestra lucha interna para superar nuestra naturaleza egoísta es lo que llamamos “guerra de los Macabeos contra los griegos”, donde los “griegos” representan las cualidades que pretenden controlarnos.

La victoria sobre los griegos es la base en el camino de toda persona a lo largo de la escalera espiritual. Este triunfo nos permite realizar las correcciones que nos llevarán a la corrección final –Púrim– y entonces recibiremos la abundancia infinita que el Creador ha preparado para todos.

Cuando seamos capaces de alegrarnos de los éxitos de los demás y compartamos nuestras preocupaciones en conexión mutua, nos daremos cuenta de lo que la naturaleza trata de enseñarnos: que formamos parte de un único organismo. Cuando demos un pequeño paso en esta dirección, veremos milagros por el camino. Veremos cómo una pequeña lámpara, la más diminuta vasija de aceite, alumbrará un fuego poderoso y cálido iluminando la vida de todos.

¿Qué es el milagro de Jánuca?

Superar nuestro ego –el deseo de disfrutar a costa de los demás– requiere que nos elevemos por encima de nuestra naturaleza, y esto se considera un milagro. Involuntariamente, el ego gobierna nuestra existencia a pesar de que el resultado provoca un “efecto boomerang” que nos trae sufrimientos. ¿Cómo sucede entonces este milagro? Cada vez que nos conectamos unos con otros, esa fuerza, que es superior a todas las demás fuerzas, a todos los obstáculos y condicionantes, entra en acción y ocurren milagros ante nuestros ojos.

Aunque un milagro es un fenómeno sobrenatural, podemos hacer que ocurra cada vez que optemos por conectarnos más estrechamente y por encima de todo tipo de resistencia. Hoy, si deseáramos elevarnos por encima de nuestro ego e intentáramos conectarnos positivamente con los demás, se revelaría una fuerza superior completamente nueva dentro de nosotros y, gracias a ella, podríamos traer paz, amor y unidad al mundo.

Giremos juntos alrededor de esta meta sublime para encender el espíritu de unidad, para iluminar nuestras vidas e irradiar alegría y satisfacción a todos.

¡Feliz Jánuca!

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